Identificación y Priorización de Necesidades Socioeducativas: Un diagnóstico participativo desde la Vinculación Universitaria
Identificação e priorização das necessidades socioeducativas: um diagnóstico participativo a partir da extensão universitária
Identification and Prioritization of Socio-educational Needs: A participatory diagnosis from university extension
Edwin Bolívar Peñafiel Arévalo
Universidad Nacional de Educación
https://orcid.org/0000-0002-6559-3914
Raquel Stefania Mendoza Ureta
Universidad Nacional de Educación
https://orcid.org/0000-0002-8117-8083
Charly Marlene Valarezo Encalada
Universidad Nacional de Educación
charly.valarezo@unaeedu.onmicrosoft.com
https://orcid.org/0000-0002-6540-8395
Campos a completar por editores
Sección: EXM
Recepción: 23/02/2024 Aceptación final: 02/06/2026
Para citación de este artículo: Peñafiel Arévalo, E. B., Valarezo Encalada, C. M. y Mendoza Ureta, R. S. (2026). Identificación y Priorización de Necesidades Socioeducativas: Un diagnóstico participativo desde la Vinculación Universitaria. Revista Masquedós, 11(15), 1-17. https://doi.org/10.58313/masquedos.2026.v11.n15.487
Resumen
La investigación aborda la Vinculación Universitaria como mecanismo de intervención socioeducativa, problematizando la desconexión existente entre las Instituciones de Educación Superior y sus territorios aledaños. El objetivo del trabajo fue identificar y priorizar las necesidades socioeducativas en las comunidades cercanas a la Universidad Nacional de Educación en Ecuador a través de un diagnóstico participativo, con el fin de orientar la actuación institucional. Metodológicamente, se realizó un estudio cualitativo de alcance descriptivo-interpretativo y corte fenomenológico en las provincias de Azuay y Cañar. Participaron 450 actores, incluyendo docentes, autoridades educativas y líderes comunitarios, mediante grupos focales, entrevistas y análisis documental, procesando la información de forma inductiva con software especializado. Los resultados permitieron categorizar las necesidades en cinco bloques: gestión institucional y articulación intersectorial; gestión pedagógico‑curricular y desarrollo docente/estudiantil; condiciones sociocomunitarias y familiares; inclusión, diversidad y bienestar socioemocional; y condiciones socioeconómicas y laborales. Los hallazgos revelan una diversidad de problemáticas socioeducativas, donde las comunidades demandan un acompañamiento que trascienda lo económico. Se concluye que las problemáticas no se limitan a carencias materiales y que la universidad debe constituirse en un actor mediador que, mediante el diagnóstico participativo facilite la reflexión crítica y la gerencia democrática para que los actores locales asuman la corresponsabilidad sus desafíos.
Palabras clave: Diagnóstico participativo; Extensión Universitaria; Necesidades Socioeducativas; Vinculación Universitaria.
Resumo
O objetivo do trabalho foi identificar e priorizar as necessidades socioeducativas nas comunidades próximas da Universidade Nacional de Educação do Equador através de um diagnóstico participativo, com o objetivo de orientar a atuação institucional. Metodologicamente, foi realizado um estudo qualitativo de alcance descritivo-interpretativo e corte fenomenológico nas províncias de Azuay e Cañar. Participaram 450 atores, incluindo professores, autoridades educativas e líderes comunitários, por meio de grupos focais, entrevistas e análise documental, processando as informações de forma indutiva com software especializado. Os resultados permitiram categorizar as necessidades em cinco blocos: gestão institucional e articulação intersetorial; gestão pedagógica-curricular e desenvolvimento docente/estudantil; condições sociocomunitárias e familiares; inclusão, diversidade e bem-estar socioemocional; e condições socioeconómicas e laborais. As conclusões revelam uma diversidade de problemas socioeducativos, em que as comunidades exigem um acompanhamento que transcenda o aspecto económico. Conclui-se que os problemas não se limitam a carências materiais e que a universidade deve constituir-se como um mediador que, através do diagnóstico participativo, facilite a reflexão crítica e a gestão democrática para que os atores locais assumam a corresponsabilidade pelos seus desafios.
Palavras-chave: Diagnóstico participativo; Extensão Universitária; Necessidades Socioeducativas; Vinculação Universitária.
Abstract
This research addresses University Outreach as a mechanism for socio-educational intervention, highlighting the existing disconnect between Higher Education Institutions and their surrounding communities. The objective was to identify and prioritize the socio-educational needs of communities near the National University of Education in Ecuador through a participatory assessment, in order to guide institutional action. Methodologically, a qualitative study with a descriptive-interpretive scope and a phenomenological approach was conducted in the provinces of Azuay and Cañar. Four hundred and fifty stakeholders participated, including teachers, educational authorities, and community leaders, through focus groups, interviews, and document analysis. The information was processed inductively using specialized software. The results allowed for the categorization of needs into five areas: institutional management and intersectoral collaboration; pedagogical-curricular management and teacher/student development; socio-community and family conditions; inclusion, diversity, and socio-emotional well-being; and socio-economic and employment conditions. The findings reveal a diversity of socio-educational problems, where communities demand support that goes beyond economic assistance. It is concluded that these problems are not limited to material deprivation and that the university must become a mediating actor that, through participatory diagnosis, facilitates critical reflection and democratic management so that local stakeholders can assume shared responsibility for their challenges.
Keywords: Participatory diagnosis; University Extension; Socio-educational needs; University Linkage.
La investigación se sitúa en la Educación Superior, abordando específicamente la Vinculación Universitaria conocida también como Extensión Universitaria. Al respecto, en Ecuador, la Vinculación es reconocida en el artículo 117 de la Ley Orgánica de Educación Superior [LOES] (2022) como una de las tres funciones sustantivas de la Educación Superior junto con la Docencia e Investigación. Concretamente, en la Universidad Nacional de Educación [UNAE] (2019) se concibe a la Vinculación como un espacio de interacción bidireccional universidad–sociedad que, bajo los principios del Buen Vivir (equidad, justicia social, solidaridad, participación), alimenta simultáneamente la Docencia e Investigación y se proyecta hacia la transformación de la realidad comunitaria.
Referente a lo señalado, González et al. (2021) advierten que las instituciones “suelen enfrentar muchas dificultades para establecer los necesarios puntos de contacto con la realidad” (p.5). Esto puede deberse en parte a lo que manifiesta Añaños et al. (2022), quienes sostienen que en las intervenciones socioeducativas tradicionalmente predomina el hacer frente al analizar, reflexionar y construir, lo que deriva en acciones sustentadas más en supuestos que en una comprensión empírica del entorno. Precisamente, la falta de una investigación diagnóstica es lo que impide transitar hacia “prácticas basadas en la evidencia”, como lo mencionan los autores, que legitimen la acción universitaria. En consecuencia, este estudio problematiza la desconexión existente entre las Instituciones de Educación Superior y sus territorios aledaños, proponiendo que una intervención transformadora no puede basarse en la imposición vertical de saberes, sino que requiere un análisis de la realidad fundamentada en la participación de sus actores.
Para comprender la intervención socioeducativa, es imperativo remitirse a la literatura sobre el diagnóstico participativo. Autores como Amado et al. (2003) señalan que el diagnóstico participativo es una herramienta para la elaboración de proyectos que, bajo un enfoque estratégico, permite identificar problemas, relaciones causales y nudos críticos. Continuando con los autores, este proceso debe superar la visión burocrática para promover una gerencia democrática donde la comunidad educativa y las organizaciones comunitarias participen activamente.
Retomando a Añaños et al. (2022), enfatizan que la intervención socioeducativa tiene como fin último la transformación social y la mejora de la calidad de vida, basándose en principios de derechos humanos y cultura de paz. Para ello, proponen un modelo metodológico que inicia inevitablemente con el Análisis de la Realidad, una fase de investigación en el contexto que permite comprender la dimensión y las interacciones de los problemas antes de diseñar cualquier programa o proyecto. Estos antecedentes teóricos subrayan que la legitimidad de cualquier acción universitaria en el territorio depende de su capacidad para involucrar a los sujetos, empezando desde el diagnóstico, como protagonistas de su propio cambio.
En correspondencia, el objetivo de este trabajo es identificar y priorizar las necesidades socioeducativas en los territorios aledaños a la UNAE a través de un diagnóstico participativo, con el fin de orientar la actuación institucional en el ámbito de la Vinculación. La novedad de esta investigación radica en la sistematización de un diagnóstico participativo de necesidades socioeducativas territorial, que trasciende la visión fragmentada de la necesidad escolar para integrar una perspectiva holística y fenomenológica. Este estudio articula las voces de diversos actores, revelando cómo diversos factores se entrelazan. El trabajo aporta una categorización inductiva de bloques de necesidades que no solo describe qué falta, sino cómo los actores significan estas carencias, proporcionando una base empírica inédita para reorientar las acciones de Vinculación de la UNAE.
La relevancia de este trabajo en el campo disciplinar estriba en su utilidad para transitar hacia “prácticas basadas en la evidencia” (Añaños et al., 2022), en la gestión de la Vinculación Universitaria. Esto permite que la universidad diseñe intervenciones pertinentes que respondan a la demanda real, fortaleciendo la responsabilidad social universitaria y asegurando que los recursos se destinen a nudos críticos que, de ser abordados, detonarían mejoras significativas en el bienestar comunitario
Metodología
Método
El estudio se enmarca en un enfoque cualitativo, de alcance descriptivo-interpretativo, y se desarrolló como un estudio fenomenológico en contextos territoriales aledaños a la UNAE. Su finalidad fue explorar y comprender cómo distintos actores significan, expresan y priorizan sus necesidades socioeducativas, con el propósito de construir un diagnóstico que sirva como insumo para la toma de decisiones institucionales en cuanto a la vinculación universitaria.
Participantes
El muestreo fue intencional debido a que se buscó la participación de actores representativos de los contextos territoriales aledaños a la UNAE, así como los relacionados con los programas de Vinculación con la Sociedad de la institución. La investigación se realizó en las provincias de Azuay y Cañar1, con la participación de 450 personas: 21 docentes responsables de proyectos de Vinculación con la Sociedad y 58 docentes de la UNAE (además de 21 inscritos en cursos de educación continua de la misma universidad); 244 docentes y 48 autoridades de instituciones educativas; y 58 actores comunitarios clave (presidentes de Gobiernos Autónomos Descentralizados y profesionales responsables del área social). La muestra combina la comunidad universitaria de la UNAE e instituciones educativas y comunitarias, caracterizadas por diversidad socioeconómica y desafíos socioeducativos heterogéneos.
Estrategia
Se empleó una estrategia multimétodo: grupo focal, entrevistas semiestructuradas, entrevistas estructuradas y análisis documental.
Grupos focales: dirigidos a docentes responsables de proyectos de vinculación. Se realizaron dos sesiones para asegurar la participación total, moderadas por un facilitador y registradas en audio. Se obtuvo 1 hora, 56 minutos y 13 segundos de audio
Entrevistas estructuradas: administradas mediante cuatro formularios en línea a docentes y autoridades de instituciones educativas de Azuay y Cañar, docentes de la UNAE y participantes de cursos de educación continua.
Entrevistas semiestructuradas: aplicadas a actores comunitarios clave. Algunas entrevistas se realizaron de forma grupal para incorporar a varios representantes de una misma comunidad. Se registraron 12 horas, 14 minutos y 53 segundos de audio.
Análisis documental: se revisó un Informe de Diagnóstico Institucional de Necesidades en Territorio (centros de apoyo UNAE en Pastaza, Morona Santiago, Zamora Chinchipe, Napo, Orellana, Sucumbíos, Manabí y Chimborazo).
Procedimiento y análisis de datos
El estudio se desarrolló en tres fases: prediagnóstico, diagnóstico y priorización de necesidades. En la fase de prediagnóstico se identificaron y clasificaron las fuentes de información: primarias (participantes) y secundarias (documentos institucionales). Este reconocimiento permitió definir las estrategias e instrumentos, asegurando pertinencia contextual y factibilidad.
La fase de diagnóstico comprendió la aplicación de los instrumentos y la recopilación de documentos para el análisis. Todas las personas participantes firmaron un consentimiento informado tras la socialización de objetivos, alcances y usos de la información. Se realizaron transcripciones de los audios y se sistematizaron las respuestas de los formularios administrados en línea, generando un corpus ad hoc que incluyó también las matrices de análisis documental. La confidencialidad y el anonimato se garantizaron mediante la asignación de códigos a cada participante, el almacenamiento en repositorios encriptados y el acceso restringido a los archivos.
El análisis de datos se desarrolló de forma inductiva en el software de análisis de datos cualitativos MAXQDA. Tras la familiarización con el corpus, cada investigador efectuó una codificación abierta para identificar unidades de significado, seguida de una agrupación axial que relacionó códigos según afinidades con las preguntas de investigación. Posteriormente se consolidaron categorías y subcategorías mediante codificación selectiva, dando cuenta de patrones emergentes sobre necesidades socioeducativas y su correspondencia con los programas vigentes. Se incorporó un análisis de frecuencia de palabras y prevalencia de códigos para sustentar la priorización sin perder el énfasis interpretativo.
En la fase de priorización de necesidades se combinaron procedimientos exploratorios con análisis descriptivos e interpretativos para determinar las necesidades socioeducativas más relevantes. Por lo expuesto, metodológicamente, esta investigación se caracteriza por los criterios de credibilidad (triangulación de datos), transferibilidad (descripción densa del contexto y procedimientos) y confirmabilidad (trazabilidad del proceso).
Resultados y discusiones
Este aparatado expone las necesidades socioeducativas identificadas y su priorización en el contexto de estudio, a la vez que se discuten con los antecedentes del trabajo evidenciando los portes centrales.
El análisis de 6807 segmentos codificados permitió organizar inductivamente las necesidades socioeducativas en cinco bloques que concentran la mayor densidad de alusiones: 1) gestión institucional y articulación intersectorial (≈ 24,1 %; n =1639); 2) gestión pedagógico‑curricular y desarrollo docente/estudiantil (≈ 31,4 %; n = 2135); 3) condiciones sociocomunitarias y familiares (≈ 12,6 %; n = 856); 4) inclusión, diversidad y bienestar socioemocional (≈ 9,7 %; n = 662); y 5) condiciones socioeconómicas y laborales (≈ 13,3 %; n = 905). Esta distribución, sostenida por la frecuencia relativa de los códigos, orienta la priorización al evidenciar dónde se concentran las demandas de las personas consultadas.
En el bloque gestión institucional y articulación intersectorial, aparecen con fuerza los códigos como Institución (n = 342), Apoyo (n = 234), Necesidades (n = 214), Sociedad (n = 159) y Compromisos (n = 136) (Figura 1).
Los testimonios reflejan que las instituciones se encuentran en una encrucijada estructural y humana, pues se presenta en las comunidades el deterioro de espacios públicos, pero también la sobrecarga de responsabilidades a funcionarios, entre ellos, los docentes. Las personas participantes señalan, ante la falta de un rol más activo del Estado, “solicitar apoyo a instituciones, fabricas, empresas que puedan colaborar”.
En la sociedad se visibilizan factores que inciden en la calidad de vida como: migración, “muchos estudiantes tienen a sus padres en otro país”; discriminación, “hay que romper con la idea de que los del campo son menos”; uso inapropiado de redes sociales “estamos bombardeados con antivalores”; violencia, “tenemos problemas de violencia intrafamiliar que afecta a los niños y niñas”; problemas de alcoholismo, “no teníamos tantos jóvenes como ahora en los CETAD —Centro Especializado de Tratamiento a Personas con Consumo Problemático de Alcohol y Otras Drogas—”; y, más.
En esta línea, el tipo de apoyo que se necesita va más allá de lo económico, se requiere afecto, acompañamiento, formación, reconocimiento y trabajo conjunto con las instituciones ante las necesidades, entre ellas: educativas, familiares, emocionales, de aprendizaje, infraestructura, tecnología, salud, alimentación, transporte, entre otros.
Las personas participantes denuncian la falta de compromiso de representantes legales, “falta de compromiso en participar de manera activa en tareas, programas y reuniones dentro de la institución”; docentes, “poca dedicación al trabajo, baja productividad, absentismo y deseos de abandonar la docencia”; autoridades, “falta de comunicación”; estudiantes, “estudian por obligación”; universidad “hay una sensación de abandono, llegan una vez y se acabó”; comunidad, “factores del entorno y la cultura crean ambientes con aspiraciones de conformismo”.
En el bloque se evidencia un escenario en el que las comunidades enfrentan tensiones tanto estructurales como humanas. En paralelo, se identifica una crisis de compromisos compartidos y dinámicas comunitarias que normalizan el conformismo. En este escenario, los testimonios señalan que el Estado es percibido como inactivo, por ello se vuelve necesario gestionar apoyo integral, no sólo económico, desde otras instancias. Esto valida los aportes de Añaños et al. (2022), quienes señalan que la presencia de apoyo externo es vital para motivar. No obstante, advierten que cuando el apoyo se retira sin dejar capacidad instalada, baja la motivación y los proyectos se detienen. Los autores destacan que la comunidad suele esperar recetas mágicas a sus problemas, pero el verdadero valor está en el acompañamiento que posibilita el aprendizaje.
Por su parte Alonso y Valdemoros (2024), desde la perspectiva del Aprendizaje-Servicio y la Responsabilidad Social Universitaria (RSU), argumentan que la universidad debe responder con sensibilidad a los requerimientos del entorno. Esto implica que la relación no es transaccional, sino que busca fomentar la sostenibilidad social, la inclusión y la solidaridad, procesos que requieren una interacción humana profunda. De la misma manera, Cortés y Cortés (2021) aportan el concepto de autodesarrollo. Argumentan que la intervención socioeducativa tiene el propósito de lograr la integración y el autodesarrollo de los individuos. Si la intervención fuera solo económica, crearía dependencia. En cambio, al ser un proceso activo, busca que al final el individuo o comunidad sea competente para continuar por sí mismo.
Figura 1. Modelo jerárquico código-subcódigos: gestión institucional y articulación intersectorial
Fuente:
Elaboración propia
Por
su parte, el bloque gestión
pedagógico‑curricular y desarrollo docente/estudiantil
es el más voluminoso. Aquí aparecen con mayor fuerza los códigos
Estudiantes
(n = 587), Educación
(n = 502), Docente
(n = 298), Capacitación
(n = 240) y Aprendizaje
(n =118).
El
análisis de los testimonios da cuenta de un panorama complejo con
relación al desarrollo académico de los estudiantes.
Entre los principales hallazgos se encuentran: condiciones
socioeconómicas adversas, “la mayoría de los padres no cuentan
con un trabajo estable, esto hace que algunos niños no ingresen al
sistema educativo”; déficit
en el acompañamiento familiar “la situación económica lleva a
padres y madres a que migren o trabajen y se descuiden a sus hijos”;
problemas emocionales y de salud mental “falta de empatía en los
alumnos, dificultad para gestionar emociones”; y, rezago y
dificultades académicas, “falta
comprensión lectora y, sobre todo, en lo matemático los estudiantes
no manejan las cuatro operaciones básicas”.
Respecto
a la educación,
se identifican las siguientes carencias: bajo nivel académico y
factores relevantes a considerar, “nivel educativo deficiente, poca
práctica de valores, violencia, aculturación, quemeimportismo”;
falta de acompañamiento en procesos formativos o sobreprotección,
“olvido, descuido, falta de apoyo de los representantes” o
“padres sobreprotectores”; deficiente atención a estudiantes con
necesidades educativas específicas “hay bastantes niños con
discapacidad y presunta discapacidad que no reciben la atención
adecuada dentro de las escuelitas”; trabajo infantil, “los niños
laboran desde los 7 u 8 años, usted lo va a ver normal aquí, niños
llevando ganado”; y, escuelas unidocentes, “el profesor trabaja
para seis grados”.
Con
relación a los docentes,
las personas participantes dan cuenta de factores que condicionan
profundamente la labor docente, se evidencia: falta de presupuesto
estatal para educación lo que repercute en la falta de materiales
“los docentes carecemos de las herramientas necesarias para
impartir nuestras clases”; excesiva carga administrativa, “los
docentes estamos más ocupados en labores administrativas, informe
más informe”; y déficit de docentes “son muy pocos o escasos
los profesionales para el número de alumnos”.
En
suma, los docentes expresan sentirse desmotivados por factores como:
inestabilidad laboral, “los docentes contratados estamos frustrados
al no poder conseguir un nombramiento definitivo”; relaciones entre
docentes y autoridades frágiles en las instituciones, “se
presentan problemas laborales, rivalidad y competencia”; además,
se aprecia una escasa estimación del rol docente “la valorización
y el reconocimiento del rol docente, creo que eso falta muchísimo”.
Se
destaca que la capacitación
emerge como un elemento transversal, tanto para docentes como para
representantes legales. Se evidencia una fuerte demanda de formación
docente en metodologías activas, inclusión educativa, manejo de
conductas, salud emocional, tecnologías y trabajo con estudiantes
con necesidades educativas específicas, desde los testimonios se
afirma “se presenta la necesidad de capacitar a los docentes para
que puedan intervenir e integrar de forma plena al sistema educativo
a niños”. De igual forma, se considera la importancia de
implementar escuelas para los representantes legales, “con
capacitaciones a partir de escuela para padres, yo sé que de 10 por
lo menos 1 asiste, podemos seguir intentándolo para lograr la
corresponsabilidad”.
Finalmente,
en el aprendizaje
se revelan una multiplicidad de factores que inciden negativamente y
que se relacionan tanto con los códigos de este bloque, así como
del anterior, entre ellos: factores económicos, familiares,
condiciones instituciones y pedagógicas y factores individuales que
presentan los estudiantes en el desarrollo de sus competencias
académicas.
En
el bloque las dificultades de aprendizaje se explican por la
convergencia de factores económicos, familiares, institucionales,
pedagógicos e individuales que exigen respuestas integrales. En este
contexto, la capacitación se posiciona como demanda central para
docentes y familias. Los resultados concuerdan con lo expuesto por
Correa (2020), quien señala que, en contextos rurales o vulnerables,
los docentes enfrentan limitantes que les obligan a realizar
adecuaciones curriculares para superar las barreras del entorno. Esta
perspectiva valida el enfoque mencionado por Añaños et al. (2022),
donde el fenómeno social debe ser intervenido en su conjunto,
entendiendo que cada parte (familia, economía, escuela) afecta a la
totalidad del proceso de aprendizaje.
Referente
a la capacitación docente, su abordaje requiere una mirada crítica
que supere la transferencia técnica. Si bien los participantes
solicitan formación, es crucial retomar la advertencia de Amado
et al. (2003)
sobre los riesgos de los modelos de asesoría donde la comunidad
espera recetas mágicas. La discusión de estos hallazgos sugiere que
la respuesta universitaria debe alinearse con la propuesta de Guerra
et al. (2024), quienes enfatizan la formación continua de los
actores locales no solo en contenidos académicos, sino en
competencias para gestionar el desarrollo humano y atender las
vulnerabilidades socioeducativas del territorio. En suma, se expresa
también la solicitud de escuela para padres, lo que evidencia la
necesidad de legitimar a la familia como un agente educativo activo.
Esto resuena con los hallazgos de Ramírez-Ramírez
y Fernández de Castro (2023),
quienes destacan la relevancia del vínculo familia-escuela para la
detección temprana de necesidades y la prevención de violencias,
subrayando que la colaboración es indispensable.
Figura
2.
Modelo
jerárquico código-subcódigos: dimensión
pedagógico‑curricular y desarrollo docente/estudiantil
Fuente:
Elaboración propia
Por
otro lado, en el bloque condiciones
sociocomunitarias y familiares (Figura 3)
emerge el código Familia
—el código más frecuente de todo el sistema— registra 713
menciones. También aparecen con fuerza los códigos Comunidad
(n = 60), Adultos
mayores
(n = 57), Pandemia
(n = 18) y Deporte
(n = 8).
Con
relación a la familia,
se evidencia una marcada inestabilidad conforme a: hogares
disfuncionales “presencia de divorcios, violencia familiar,
migración”; abandono”, “el abandono se da no solo a niños y
jóvenes, por ejemplo de padres migrantes, sino también a adultos
mayores”; sobreprotección, “en cuanto a la sobreprotección se
debe a que en muchos casos los padres son primerizos y ello trae como
consecuencia estudiantes caprichosos, rebeldes”; ausencia de
normas, “se ha notado falta de normas y reglas en casa lo que
termina en faltas de responsabilidad constante en la escuela”; y,
bajo nivel educativo de los padres, “un alto porcentaje de
estudiantes provienen de hogares donde sus padres máximo son
bachiller, por lo que, se ven limitados en ofrecer una ayuda a sus
hijos”.
En
la comunidad,
emergen múltiples dimensiones problemáticas que configuran un
entorno adverso como: falta de oportunidades laborales que trae como
consecuencia migración, pero también desnutrición infantil “la
desnutrición en los niños por la situación económica conlleva a
tener problema de aprendizaje”; desarticulación e indiferencia
comunitaria, “la comunidad debe conocer más de los temas y
comprometerse en la toma de decisiones”; déficit en educación
financiera, “lo poco que ganan, buscan la manera de consumirlo todo
y no les queda nada para seguir invirtiendo”; pérdida de la
identidad cultural, “hay fuerte influencia cultural, política e
ideológica del país del norte y se va perdiendo la identidad”; y
limitaciones en servicios, “no es fácil acceder al sector sino se
tiene auto propio, además no hay una línea de buses urbanos que
lleguen hasta acá”.
Por
su parte, la situación de los adultos
mayores
revela múltiples formas de vulnerabilidad, entre ellas: abandono
familiar y precariedad económica, “hay bastante este problema de
abandono con los adultos mayores […]
viven incluso en situaciones económicas difíciles, en casitas
remendadas”. En suma, se enfrentan a sentimientos de tristeza e
inutilidad, “a
veces están solos y necesitan un amigo o amiga que realmente les
apoye”, “no tienen los recursos como para solventar su
alimentación, al tener problemas de salud no pueden comprar
medicamentos” y “a nivel general, ellos notan, que no se sienten
útiles para la comunidad y manifiestan su preocupación”.
Otro
de los códigos que surge en este bloque es la pandemia,
este código agrupa testimonios que evidencian las consecuencias
provocadas por el COVID-19, estas tienen que ver con: retrocesos
académicos, “el desafío de nosotros como docentes es con los
estudiantes después de la pandemia, no saben que es una oración, no
saben cómo se puntúa”; desmotivación generalizada, “a partir
de la pandemia los estudiantes no quieren estudiar”; y, carente
adaptación tecnológica, “a raíz de la pandemia se dio el uso
excesivo de pantallas o dispositivos móviles, pero no se realizó
un proceso de adaptación en los contextos”.
Finalmente,
aparece en este boque el deporte
como una práctica recurrente, valorada y organizada en las
comunidades, se realizan actividades de indor fútbol, caminatas,
encuentros de bailoterapia que contribuyen a la salud física, pero
también al sentido de pertenencia. No obstante, las personas
participantes denuncian desigualdad territorial en su acceso, “los
niños en algunas zonas no tienen opciones recreativas o para
practicar algún deporte luego de la escuela”; brecha de género en
la participación, “solamente está la cancha que por lo general es
un espacio donde acuden más los hombres”; y, riegos asociados al
ocio como la reproducción de patrones de consumo de alcohol, “aquí
es bastante común jugar campeonatos de indor, si bien es una
actividad de encuentro el problema es que ante los logros se termina
siempre en brindar porque se ganó”.
En
este bloque los códigos revelan diversos problemas familiares. A
nivel comunitario se reportan problemas estructurales. También se
observa alta vulnerabilidad en adultos mayores, mientras que la
pandemia profundizó rezagos y brechas; el deporte aparece como
factor de cohesión, aunque con desigualdades y riesgos asociados al
consumo de alcohol. Al respecto, Ramírez-Ramírez y Fernández de
Castro (2023),
sostienen que la familia es determinante, pues no solo es un agente
educativo, sino el primer filtro para la detección de necesidades
sociales y la prevención de violencias. Sin embargo, los resultados
muestran que esta entidad está fracturada, en gran parte por la
migración, la cual, según Ruiz (2024), obliga a una reconfiguración
de roles donde abuelas o tíos asumen la crianza, a menudo sin las
herramientas afectivas o de autoridad necesarias. Asimismo, la
vulnerabilidad detectada en los adultos mayores valida lo expuesto
por Miranda y Gamboa (2025), quienes advierten que la migración
genera un fenómeno de hogares vacíos que profundiza la soledad y el
deterioro de la calidad de vida de los ancianos.
En
el nivel comunitario, la coexistencia de problemas estructurales
exige que la intervención universitaria trascienda el
asistencialismo. Tommasino
y Pérez (2022)
desde la Educación Popular, argumentan que cualquier estrategia
transformadora requiere reconocer y potenciar las formas de
organización popular para enfrentar problemas comunes, en lugar de
imponer soluciones verticales. En este sentido, la contradicción
hallada en el deporte —visto como factor de cohesión, pero también
asociado al consumo de alcohol— sugiere que la intervención debe
orientarse hacia lo que Añaños
et al. (2022),
clasifican
como “animación sociocultural”; es decir, utilizar estos
espacios de encuentro ya existentes (como las canchas deportivas)
para dotarlos de contenido pedagógico y preventivo.
Figura
3.
Modelo
jerárquico código-subcódigos: condiciones
sociocomunitarias y familiares
Fuente:
Elaboración propia
En
el bloque de inclusión, diversidad y bienestar socioemocional
(Figura
4) surgen con fuerza los códigos Valores
(n = 206), Violencia
(n = 106), Emocionalidad
(n = 101), Vulnerabilidad
(n = 99) e Inclusión
(n = 96).
Los
testimonios evidencian la relación de estos códigos con los que
surgieron en bloques anteriores. Existe preocupación por el
deterioro de valores
en
la familia, en la escuela y en la comunidad
como la responsabilidad, empatía, respeto y solidaridad.
En la familia se visualiza una falta de corresponsabilidad
intensificada por la migración o sobrecarga laboral, en la escuela
se exteriorizan tensiones entre docentes y autoridades y en la
comunidad los testimonios aluden a una pérdida de tradiciones y de
sentido de pertenencia.
Respecto
a la violencia,
se revela preocupación ante la normalización de la agresividad,
bullying
y marginación. Se presentan testimonios como: “hay muchos casos de
violencia intrafamiliar y violencia de género, están bastantes
normalizados ni siquiera los reconocemos como tal”, “es bastante
grande y preocupante el bullyin
entre los estudiantes, para los profesores está muy generalizado,
muy normalizado” y “hay estudiantes que son marginados por
situaciones de diferente índole, ya sea migración, situaciones
psicológicas, económicas, etc.”.
La
emocionalidad
es un código que también aparece con fuerza dando cuenta de
afectaciones emocionales en el contexto. Por un lado, los factores
que se siguen acentuando son: migración, desestructuración
familiar, abandono, sobreprotección a lo que se suma adicciones en
el hogar, “aquí en el campo es normal el alcoholismo”. Por otor
lado, la salud mental de los docentes también se encuentra en
riesgo, de igual manera considerando factores que se han ido
develando con anterioridad como: carga administrativa, inestabilidad
laboral, falta de reconocimiento a la profesión, tensiones
institucionales, ente otras.
El
código vulnerabilidad
refleja todas las carencias referidas que atraviesan los territorios,
descubriéndose también escolaridad interrumpida “hay docentes que
trabajan en la educación de jóvenes y adultos, con estudiantes que
no pudieron continuar sus estudios regularmente por laborar” y
mujeres en riesgo social “se busca generar una residencia
universitaria para estudiantes mujeres en situación de
vulnerabilidad, pero tenemos una lista donde el número de
estudiantes sobrepasa el límite”.
La
inclusión
continúa siendo un desafío urgente para erradicar formas de
discriminación, ya sea por condiciones de vulnerabilidad
“desigualdades educativas en acceso, permanencia y calidad
reproducen y amplifican la exclusión social y económica”, o por
condiciones como la discapacidad “no podemos abarcar la atención a
todas las personas con discapacidad, cuando cumplen 65-66 años salen
del proyecto”.
En
el bloque los testimonios señalan deterioro de valores y sentido de
pertenencia, normalización de violencias y afectaciones
socioemocionales, también se advierte desgaste de salud mental
docente. La vulnerabilidad se expresa en carencias acumuladas,
escolaridad interrumpida y mujeres en riesgo, mientras que la
inclusión sigue siendo un desafío. La
normalización de las violencias y el deterioro del sentido de
pertenencia deben interpretarse como síntomas de una ruptura en el
tejido ético y relacional de la comunidad. Al respecto, Añaños
et al. (2022)
sostienen que la intervención socioeducativa debe orientarse hacia
la construcción de una cultura de paz y el respeto a la dignidad
humana. Sin embargo, los resultados muestran que este ideal se ve
obstaculizado por afectaciones socioemocionales profundas derivadas
de varios factores.
En
cuanto al desgaste de la salud mental docente, los hallazgos
coinciden con el análisis de Peláez et al. (2021), quienes
describen la incertidumbre que enfrentan los maestros al carecer de
estrategias para atender a una población estudiantil móvil y con
carencias afectivas severas. Esta sobrecarga se ve exacerbada cuando
la intervención externa se percibe como una imposición; como
advierten Amado
et al. (2003),
si el acompañamiento no promueve espacios de reflexión crítica y
soporte real, puede generar resistencia y mayor desmotivación.
Finalmente,
el desafío de la inclusión ante la pobreza, la discapacidad y el
riesgo social (especialmente en mujeres) exige ampliar la mirada
tradicional de la educación inclusiva. Panizo (2019) argumenta que
la política pública suele restringir la inclusión a la
discapacidad, ignorando otras formas de exclusión como la movilidad
humana o la pobreza extrema, lo que deja a gran parte del alumnado
sin respuesta institucional. Para abordar estas carencias acumuladas,
Olarte-Mejía y Ríos-Osorio (2015), proponen que la intervención se
realice desde una responsabilidad social universitaria que no sea
vertical, sino que se desarrolle con un sentido comunitario y ético,
diseñando estrategias horizontales que dignifiquen a los grupos
vulnerados.
Figura
4. Modelo jerárquico código-subcódigos: inclusión,
diversidad y bienestar socioemocional
Fuente:
Elaboración propia
Finalmente,
en el bloque condiciones
socioeconómicas y laborales (Figura 5)
se manifiestan con fuerza los códigos Economía
(n = 337), Trabajo
(n = 244), Migración
(n = 155), Salud
(n = 54) y Alimentación
(n = 54) los cuales sintetizan la precariedad cotidiana.
La
situación económica
emerge como uno de los factores estructurales más críticos que
atraviesa todos los bloques de análisis “muchas familias no
cuentan con recursos económicos suficientes”, donde se identifican
como causas bajos ingresos, migración forzada, falta de cultura
financiera y mayores costos de transporte, materiales escolares e
incluso alimentación.
La
falta de trabajo
también se presenta como un problema estructural, “en la comunidad
pocos cuentan con trabajo estable”. Surgen en este código
situaciones antes abordadas como la priorización del trabajo sobre
la escolaridad de los hijos, el hecho de que muchos estudiantes
trabajan desde edades tempranas, así como, en el ámbito docente, el
trabajo representa una sobrecarga administrativa.
La
migración
aparece como una de las problemáticas más complejas y transversales
en todo el diagnóstico participativo, está motivada principalmente
por la falta de empleo, pobreza y expectativas de una vida mejor, “la
mayoría de jóvenes han migrado para obtener una mejor calidad de
vida”. No obstante, esta situación ha desencadenado consecuencias
críticas a nivel educativo, familiar, afectivo, social y cultural,
ha provocado incluso la disminución de la población estudiantil en
parroquias rurales llevando al cierre de escuelas, “cuando cambian
a los niños a otras instituciones educativas es porque los padres
migran al extranjero y optan por pagar una institución privada o
mover a otros centros educativos de renombre”.
En
lo concerniente a salud,
previamente aparecieron problemas alarmantes como lo es la
desnutrición infantil y situaciones de salud mental, pero también
se declara como carencia la falta de infraestructura, así como el
acceso desigual y precario a la salud, “una necesidad urgente es un
centro de salud que no solamente atienda a un número reducido de
personas al día”.
De
la mano, la alimentación
insuficiente e inadecuada también constituye una problemática
estructural, sumado a la desnutrición infantil surgen problemas
alimenticios de obesidad y anorexia, “niños que sufren de obesidad
en algunos casos, o también niños que presentan cuadro de anorexia,
ya no solamente vemos en la adolescencia, sino también en edades más
tempranas”. En este código también se exterioriza como relevante
tener un plan de alimentación para adultos mayores, quienes por
situaciones económicas no acceden a una alimentación adecuada.
En
el bloque los testimonios revelan una precariedad estructural, donde
se destacan bajos ingresos e inestabilidad laboral que afectan
escolaridad (trabajo infantil y priorización del empleo),
incrementan costos básicos y empujan la migración, con impactos
educativos y comunitarios, incluso cierre de escuelas. A ello se
suman carencias de acceso a salud y problemas de alimentación. En
este contexto, la migración emerge nuevamente como el determinante
más crítico, actuando no solo como una estrategia de supervivencia
económica ante la desigualdad, sino como un factor de
desestructuración comunitaria que ha llevado incluso al cierre de
escuelas. Esto corrobora el análisis de Miranda y Gamboa (2025),
quienes advierten que la migración genera un impacto profundo en
quienes se quedan —niños y adultos mayores—, debilitando las
redes de apoyo y generando situaciones de abandono y exclusión
social. En el ámbito educativo, esto resuena con lo planteado por
Peláez
et al. (2021),
quienes señalan que la movilidad humana implica una ruptura de
raíces que desafía al sistema escolar a adaptar sus procesos de
socialización y enseñanza para evitar la discriminación.
La
identificación de carencias críticas en el acceso a la salud y
problemas de alimentación (desnutrición, obesidad) revela que la
comunidad educativa enfrenta una vulnerabilidad biológica y social
que compromete cualquier intento pedagógico. Este hallazgo valida la
perspectiva de Añaños et al. (2022),
quienes sitúan a la "educación para la salud" como un
campo necesario de la Pedagogía Social, argumentando que la
intervención no puede limitarse a la instrucción académica, sino
que debe buscar la promoción integral y la mejora de la calidad de
vida de los sujetos.
Figura
5. Modelo jerárquico código-subcódigos: condiciones
socioeconómicas y laborales
Fuente:
Elaboración propia
Este
diagnóstico confirma que la realidad socioeducativa no opera en
compartimentos estancos, sino como un sistema abierto donde las
carencias se retroalimentan, creando una red de vulnerabilidades que
exige un abordaje complejo. Al respecto, González-Machado y
Santillán-Anguiano (2024) argumentan que el diagnóstico no debe
entenderse desde una visión clínica o de deficiencia, sino como una
construcción colectiva que busca comprender el contexto situado para
orientar acciones transformadoras. Este hallazgo empírico valida la
postura de Amado
et al. (2003),
quienes sostienen que el diagnóstico participativo es la herramienta
idónea para identificar estos nudos críticos y relaciones causales,
permitiendo transitar de una queja pasiva a una gerencia democrática
donde la comunidad asuma un rol protagónico en la solución de sus
conflictos.
Ante
la evidencia de que las soluciones no pueden abordarse desde una sola
institución, la discusión apunta hacia la necesidad de una
intervención intersectorial y territorial que redefina el rol de la
universidad. Como señalan Guerra
et al. (2024),
la atención a las vulnerabilidades socioeducativas requiere la
formación continua de actores locales y el establecimiento de
alianzas estratégicas (en consonancia con la Agenda 2030), pues la
universidad debe gestionar el capital cultural para conectar lo local
con lo global y moldear la dinámica de desarrollo social. Esto
concuerda con la visión de González
et al. (2021),
quienes advierten que la universidad no puede ser una entidad
aislada, sino que debe garantizar un vínculo dinámico que propicie
la actividad conjunta con la población. En este sentido, la
intervención debe basarse en la RSU descrita por Alonso
y Valdemoros (2024),
la cual no se limita a la formación académica, sino que responde
con sensibilidad ética a los requerimientos del entorno, integrando
las funciones de Docencia, Investigación y Vinculación.
Finalmente,
la exigencia de una acción sostenida interpela directamente las
metodologías de trabajo. Los resultados sugieren abandonar las
intervenciones verticales o asistencialistas en favor de modelos de
Investigación-Acción Participativa y Educación Popular. Según
Tommasino
y Pérez (2022),
recuperar el saber popular y establecer una relación horizontal
entre investigadores y comunidad es indispensable para que los
sujetos no sean vistos como beneficiarios pasivos, sino como
protagonistas de su propia transformación.
Conclusiones
La
principal contribución de este estudio al campo de la Pedagogía
Social y la Vinculación Universitaria radica en la sistematización
de un diagnóstico territorial, validando empíricamente la necesidad
de transitar hacia prácticas basadas en la evidencia tal como
sugieren Añaños
et al. (2022).
Al revelar que las demandas de las comunidades escolares no se
limitan a carencias materiales, sino que exigen acompañamiento
afectivo. Se demuestra que la universidad no debe ser un proveedor de
recursos, sino un actor mediador que, mediante el diagnóstico
participativo facilite la reflexión crítica y la gerencia
democrática para que los actores locales asuman la
corresponsabilidad en la solución de sus problemáticas (Amado
et al., 2003).
No
obstante, el estudio presenta limitaciones inherentes a su diseño
metodológico y alcance. Al ser una investigación de corte
transversal y fenomenológico centrada en las provincias de Azuay y
Cañar, los resultados reflejan las percepciones subjetivas de los
actores en un momento histórico específico marcado por la
post-pandemia y una crisis migratoria agudizada, lo que impide la
generalización estadística de los hallazgos a otros contextos
rurales con dinámicas demográficas distintas. Asimismo, aunque se
logró una alta participación de docentes y actores comunitarios, la
voz directa de los niños y adolescentes se encuentra mediada por la
interpretación de los adultos, lo cual podría sesgar la comprensión
de sus necesidades socioemocionales reales.
De
estos hallazgos se derivan líneas futuras de investigación
imperativas para el campo. En primer lugar, es necesario diseñar y
evaluar longitudinalmente el impacto de los programas de intervención
que surjan de este diagnóstico. Por último, se abre una ruta para
investigar modelos de gobernanza territorial que articulen de manera
efectiva a la universidad, el Estado y la comunidad, superando la
fragmentación de esfuerzos.
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El diagnóstico como punto de partida de los proyectos educativos (1
ed., pp. 15-28)
Biografía
de autore/as:
Edwin
Bolívar Peñafiel Arévalo.
Licenciado en Ciencias de la Educación Básica y Magíster en
Investigación en Educación, así como Magíster en Gestión y
Liderazgo Educacional. Se desempeña como Docente en la Universidad
Nacional de Educación del Ecuador (UNAE), Codirector del grupo I+D+i
de la UNAE “Episteme: Filosofía de la Educación, Ciencia y
Tecnología” de la UNAE. Previamente se desempeñó como técnico
docente y técnico de investigación en el área de Vinculación con
la Sociedad de la UNAE (periodo abril 2021- febrero 2025). Es autor
de capítulos y artículos derivados de experiencias y resultados de
vinculación.
Raquel
Stefania Mendoza Ureta.
Licenciada en Ciencias de la Educación Básica y Magíster en
Comunicación Educativa. Es docente en la UNAE y Directora en la
misma institución del proyecto de Vinculación con la Sociedad
“CReSer: Compromiso, Responsabilidad y Servicio”. Se desempeñó
como técnica docente en el área de Vinculación con la Sociedad de
la UNAE (periodo abril 2021- septiembre 2024). Es autora de capítulos
y artículos derivados de experiencias y resultados de vinculación.
Charly
Marlene Valarezo Encalada. Especialista
en Proyectos de Desarrollo y Levantamiento de fondos, Master en
Neuropsicología y Educación, Magister en Educación Infantil.
Directora e integrante de proyectos de Vinculación con la Sociedad.
Editora de la revista de Vinculación Mamakuna. Es miembro del
Consejo superior universitario (periodo junio 2023 - diciembre 2025).
Se desempeñó como directora de Vinculación con la Sociedad en la
UNAE (periodo abril 2023 - mayo 2025). Autora de artículos
científicos.
1
Aunque el levantamiento de información se realizó principalmente
en Azuay y Cañar, para el análisis de necesidades se consideró
también el Informe de Diagnóstico Institucional de Necesidades en
Territorio, que recoge información proveniente de los centros de
apoyo de la UNAE en Pastaza, Morona Santiago, Zamora Chinchipe,
Napo, Orellana, Sucumbíos, Manabí y Chimborazo.