Entre hacer y demostrar: tensiones del registro de la extensión universitaria chilena


Entre fazer e demonstrar: tensões do registro da extensão universitária chilena



Between Doing and Showing: Tensions in the Recording of Chilean University Extension



Diego Verdejo-Cariaga

Dirección General de Vinculación con el Medio, Universidad de Playa Ancha

Diego.verdejo@upla.cl

 https://orcid.org/0000-0001-8422-579X


Romina Vilches Prado

Dirección General de Vinculación con el Medio, Universidad de Playa Ancha

Romina.vilches@upla.cl

https://orcid.org/0009-0004-6253-9236


Campos a completar por editores

Sección: PPU

Recepción: 04/02/2026 Aceptación final: 21/05/2026


Para citación de este artículo: Verdejo-Cariaga, D. y Vilches Prado, R. (2026). Entre hacer y demostrar: tensiones del registro de la extensión universitaria chilena. Revista Masquedós, 11(15), 1-15. https://doi.org/10.58313/masquedos.2026.v11.n15.483



Resumen

El artículo examina un sistema institucional de registro de actividades de Vinculación con el Medio en una universidad estatal regional chilena, entendiéndolo como dispositivo de poder-saber que reconfigura la tercera misión bajo regímenes de aseguramiento de la calidad y nueva gestión pública. Desde un enfoque foucaultiano, se analiza cómo el sistema define qué prácticas resultan legibles como vinculación legítima y cómo participa en procesos de subjetivación académica. La investigación adopta un diseño cualitativo con entrevistas semiestructuradas a académicas y académicos usuarios de la plataforma, analizadas mediante análisis de contenido. Los hallazgos muestran, primero, el funcionamiento del sistema como examen archivístico y matriz de normalización; segundo, su articulación con mecanismos de evaluación y reconocimiento académico; tercero, una cultura de registro marcada por sobrecarga y responsabilización individual; y cuarto, zonas grises y usos tácticos. Se proponen las nociones de “vinculación contabilizable” y de “doble temporalidad de la vinculación” como aportes teóricos centrales.


Palabras clave: Vinculación con el medio; Extensión universitaria; Gubernamentalidad; Subjetivación académica; Nueva gestión pública.


Resumo

O artigo examina um sistema institucional de registro de atividades de Vinculação com o Meio em uma universidade estatal regional chilena, entendendo-o como dispositivo de poder-saber que reconfigura a terceira missão sob regimes de garantia da qualidade e nova gestão pública. A partir de uma abordagem foucaultiana, analisa-se como o sistema define quais práticas se tornam legíveis como vinculação legítima e como participa de processos de subjetivação acadêmica. A pesquisa adota um desenho qualitativo com entrevistas semiestruturadas com docentes usuários(as) da plataforma, analisadas por meio de análise de conteúdo.

Os achados mostram, em primeiro lugar, o funcionamento do sistema como exame arquivístico e matriz de normalização; em segundo lugar, sua articulação com mecanismos de avaliação e reconhecimento acadêmico; em terceiro, uma cultura de registro marcada por sobrecarga e responsabilização individual; e, em quarto, zonas cinzentas e usos táticos. Propõem-se as noções de “vinculação contabilizável” e de “dupla temporalidade da vinculação” como aportes teóricos centrais.


Palavras-chave: Vinculação com o meio; Extensão universitária; Governamentalidade; Subjetivação acadêmica; Nova gestão pública.


Abstract

The article examines an institutional system for recording community engagement activities at a Chilean regional state university, understanding it as a power-knowledge device that reshapes the third mission under quality assurance and New Public Management regimes. Drawing on a Foucauldian approach, it analyses how the system defines which practices become legible as legitimate engagement and how it participates in processes of academic subjectivation. The study adopts a qualitative design based on semi-structured interviews with academics who regularly use the platform, analysed through qualitative content analysis. Findings show, first, the operation of the system as an archival examination and normalising matrix; second, its articulation with mechanisms of academic evaluation and recognition; third, a recording culture marked by overload and individualised responsibility; and fourth, grey areas and tactical uses. The article proposes the notions of “accountable engagement” and a “double temporality of engagement” as its main conceptual contributions.


Keywords: University–community engagement; University extension; Governmentality; Academic subjectivation; New public management.



Introducción

En las últimas décadas, los sistemas de educación superior han experimentado una expansión sin precedentes, tanto en matrícula como en diferenciación institucional y funcional (Atherton et al., 2024; Gebru, 2020; Henseke, 2025; Labraña & Vanderstraeten, 2020; Meier & Schiopu, 2020; UNESCO, 2022). Este crecimiento ha ido acompañado de la consolidación de la llamada extensión universitaria, que busca articular docencia e investigación con contribuciones más directas a la sociedad, reconfigurando el lugar de la universidad en los entramados económicos, políticos y territoriales contemporáneos (Compagnucci & Spigarelli, 2020; Zomer & Benneworth, 2011). En este contexto, la extensión se ha vuelto un campo de disputa semántica y organizacional, donde conviven nociones de transferencia, compromiso público, vinculación con el medio, coproducción de conocimiento e impacto social, sin que exista un consenso estable respecto de sus límites y sentidos (Dougnac, 2016).

En América Latina, y particularmente en Chile, estas transformaciones se inscriben en una larga tradición que ha sido resignificada bajo el rótulo de vinculación con el medio (VcM) (Cano & Flores, 2023). Diversos trabajos han mostrado cómo la extensión universitaria chilena se configura entre herencias críticas y proyectos de modernización gerencial, produciendo tensiones entre una universidad concebida como actor público y otra orientada por lógicas de mercado y competitividad (Labraña et al., 2023). Al mismo tiempo, se han explorado los vínculos entre extensión crítica, educación popular y disputas por el sentido de lo público, evidenciando que las prácticas de VcM constituyen un terreno privilegiado para observar conflictos en torno a la democratización del conocimiento, la relación con los territorios y el rol social de las universidades (Fauré & González, 2018).

En el caso chileno, estas redefiniciones se han intensificado a partir de la instalación de un denso marco regulatorio que sitúa la VcM en el centro de los dispositivos de aseguramiento de la calidad. La Ley N° 20.129, que crea el Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior, consolida la acreditación institucional como mecanismo clave de regulación, incorporando gradualmente la VcM como área de evaluación específica (MINEDUC, 2006). Posteriormente, las leyes N° 21.091 sobre Educación Superior y N° 21.094 sobre Universidades Estatales refuerzan el carácter obligatorio de la VcM como función universitaria y como dimensión de acreditación, ligando su desarrollo a la legitimidad pública y al financiamiento de las instituciones (MINEDUC, 2018a; 2018b). Estos marcos se apoyan en informes y orientaciones técnicas que promueven la “institucionalización” de la VcM a través de políticas, estructuras y sistemas de gestión estandarizados (Von Baer, 2009; Cancino & Cárdenas, 2018).

La convergencia entre expansión de la vinculación con el medio y la densificación regulatoria se articula con la difusión de modelos de nueva gestión pública, que impulsan una gubernamentalidad basada en la rendición de cuentas, la estandarización de indicadores y la evaluación permanente del desempeño (Parcerisa & Falabella, 2017; Verger & Normand, 2015). En este marco, la VcM se vuelve objeto de procedimientos de planificación, registro, monitoreo y evaluación orientados a demostrar “resultados” y “efectos” ante agencias externas y financiamientos competitivos, lo que reconfigura las relaciones entre el Estado, las universidades y sus entornos. Lejos de limitarse a una dimensión técnica, estas formas de regulación operan como tecnologías de gobierno que reordenan los márgenes de lo pensable y lo decible acerca de la misión pública de la universidad, produciendo nuevas formas de responsabilidad, control y auto-vigilancia sobre la comunidad académica (Rose & Miller, 1992; Labraña et al., 2023).

En este escenario, la propuesta teórica foucaultiana permite pensar estos procesos al concebir el poder no como una propiedad que se posee, sino como una red capilar de relaciones que atraviesan instituciones, prácticas y sujetos. En sus análisis sobre las sociedades disciplinarias y los dispositivos de seguridad, Foucault (2002, 2006, 2007) muestra cómo se configuran tecnologías de gobierno que, a través de la vigilancia, el examen, el archivo y el cálculo de riesgos, producen sujetos ajustados a determinadas normas de conducta y productividad. Desde esta perspectiva, los sistemas contemporáneos de registro, seguimiento y sistematización de la VcM en las universidades pueden ser abordados como dispositivos que articulan lógicas disciplinarias y de seguridad, al mismo tiempo que individualizan las trayectorias académicas mediante registros detallados de actividades, gestionan poblaciones a escala institucional mediante indicadores agregados, estadísticas y reportes de impacto.

La literatura chilena sobre VcM ha descrito con detalle las transformaciones institucionales asociadas a esta función universitaria —creación de unidades especializadas, formalización de políticas y modelos, incorporación de criterios de bidireccionalidad e impacto, etc.—, así como las tensiones entre discursos de compromiso social y prácticas atravesadas por exigencias de aseguramiento de la calidad (Cano & Flores, 2023; Dougnac, 2016; Cancino & Cárdenas, 2018). Sin embargo, se ha prestado menos atención a los sistemas de registro y seguimiento de la VcM como tecnologías específicas de gobierno que intervienen en la configuración de la subjetividad académica y en la definición de lo que cuenta —y lo que no— como “vinculación” legítima. Estudios recientes sobre la gestión de la tercera misión en Chile muestran cómo la introducción de instrumentos, indicadores y procedimientos de reporte reordena las prioridades institucionales y los incentivos para la acción académica, pero sin explorar en profundidad sus efectos subjetivadores (Labraña et al., 2023).

A partir de este vacío, nos proponemos analizar el sistema de registro y seguimiento de la VcM en una universidad estatal regional chilena como dispositivo de poder-saber que materializa, en el nivel micro-institucional, las racionalidades gerenciales y regulatorias que han reconfigurado la educación superior chilena. Desde el marco foucaultiano (Foucault, 2002, 2006, 2007), se examinan los modos en que estos sistemas producen formas específicas de subjetivación académica, organizando lo decible, lo medible y lo valorizable en torno a la VcM, así como los márgenes de resistencia y resignificación que emergen en las prácticas cotidianas de los actores universitarios. El objetivo es mostrar que la VcM no sólo se transforma en una función regulada y evaluada, sino también en un campo privilegiado de producción de sujetos universitarios “responsables”, “vinculados” y “rendidores de cuentas”, contribuyendo a una comprensión crítica de la tercera misión bajo regímenes contemporáneos de gobierno y gerencialismo universitario.



Propuesta teórica

En las últimas décadas, la institucionalización de la vinculación con el medio ha ido de la mano con la difusión de lógicas gerenciales en la educación superior (De la Torre et al., 2021; Fleet et al., 2023). Esta función universitaria se ha convertido en un campo prioritario de regulación y evaluación, no sólo por exigencias de acreditación externa, sino también por la forma en que las propias universidades se conciben como organizaciones que deben demostrar rendimiento en múltiples funciones (Maral & Çetin, 2024). En este contexto, proliferan sistemas institucionales de registro, seguimiento y sistematización de las actividades de vinculación, que organizan la relación entre universidad y territorio en torno a la producción de evidencias, indicadores y trazabilidad. Estos sistemas, más que herramientas técnicas son dispositivos de poder-saber (Foucault, 2002) que hacen visible, clasificable y gobernable la VcM, reconfigurando al mismo tiempo las prácticas académicas y las formas de subjetividad docente.

Estos dispositivos pueden leerse como una actualización del examen disciplinario descrito por Foucault (2002). El examen combina vigilancia, juicio y archivo, observa conductas, las evalúa según ciertos criterios y las inscribe en un campo documental que permite compararlas y utilizarlas como soporte de intervención. Cuando las acciones de vinculación deben registrarse en formularios estandarizados, acompañadas de evidencias como listados de participantes, productos finales o indicadores de impacto, lo que se está haciendo es traducir prácticas situadas en una gramática administrativa que las convierte en casos acumulables. La acción deja de ser únicamente una experiencia en un territorio particular para transformarse en una unidad de información que puede ser clasificada por tipo de actividad, facultad, línea estratégica, contribución a resultados de aprendizaje u objetivos institucionales. El sistema de registro organiza, así, un archivo que permite al gobierno universitario tematizar la vinculación como campo estructurado de datos, y no como una multiplicidad indómita de experiencias.

Este funcionamiento archivístico está ligado a una lógica de normalización. El poder disciplinario opera a través de normas que definen lo aceptable, lo eficiente, lo correcto (Foucault, 2002), así, los sistemas institucionales de registro de la VcM funcionan como matrices normativas que fijan de antemano qué cuenta como actividad de vinculación, bajo qué formatos, con qué tipo de objetivos, socios y resultados. Las categorías del formulario –tipos de proyecto, líneas de acción, productos esperados, indicadores de logro– son más que descripciones neutrales, estableciendo modelos de actividad que se proponen como patrón a alcanzar. La extensión universitaria se codifica entonces como un repertorio de formatos legítimos (proyectos con cierta duración, convenios formalizados, actividades certificadas, productos transferibles, etc.), mientras que otras prácticas más difusas, informales o ligadas al cuidado cotidiano de vínculos pueden quedar en los márgenes de la visibilidad institucional.

Desde esta perspectiva, los sistemas de sistematización producen también zonas grises y exclusiones silenciosas (Foucault, 2002; 2006). Aquello que no logra traducirse a sus categorías simplemente no aparece como vinculación con el medio, como algo que no calza o que no corresponde ser registrado. La norma opera por inclusión selectiva (Foucault, 2006), hace existir plenamente lo que es codificable y deja en una suerte de semi-inexistencia institucional aquello que no cabe en los formatos disponibles. Esto tiene efectos concretos sobre los modos en que la universidad entiende su relación con el entorno, privilegiando actividades que generan indicadores claros y desincentivando, aunque sea de manera indirecta, formas de trabajo más experimentales, conflictivas o de largo aliento que no se ajustan fácilmente a la lógica del proyecto medible (Foucault, 2007). La tercera misión, empujada por las exigencias del aseguramiento de la calidad y el gerencialismo, corre el riesgo de reducir la complejidad del vínculo universidad–sociedad a aquello que puede ser inscripto en el sistema de seguimiento.

Otra dimensión clave de estos dispositivos es su articulación con los mecanismos de jerarquización y reconocimiento académico. El examen además de observar y registrar, también califica y distribuye posiciones (Foucault, 2002), es una mirada calificadora que ordena a los individuos según escalas de mérito. Cuando las acciones registradas en los sistemas de VcM se convierten en insumos para procesos de promoción, concursos internos, asignación de horas o incentivos, la extensión se integra a la economía general de la carrera académica. El registro deja de ser una mera obligación administrativa y se transforma en capital, así acumular actividades visibles, correctamente categorizadas y con evidencias robustas permite al académico objetivar su compromiso con el entorno dentro del juego institucional. De este modo, la VcM es absorbida por una lógica de competencia regulada, coherente con el ethos gerencial de la universidad contemporánea (Shore & Wright, 2015), en la cual cada sujeto es evaluado por el conjunto de su “portafolio” (docencia, investigación, vinculación, gestión), medido y comparado a través de dispositivos de seguimiento.

Esta lógica de clasificación y jerarquización se conecta, además, con el concepto de biopolítica, un modo de poder que se ejerce sobre poblaciones a través de la gestión de variables agregadas (Foucault, 2007). Los sistemas de registro permiten producir estadísticas sobre niveles de vinculación por facultad, carreras, áreas disciplinares o territorios, identificar déficits y brechas, definir metas y planes de mejora. La población académica se vuelve legible como conjunto de curvas, tasas y distribuciones de participación en la tercera misión. No se trata sólo de disciplinar a cada docente, sino de gestionar la VcM como problema de gobierno de la institución, vale decir, identificar cuántas actividades se realizan, dónde, con qué tipo de aliados, qué impacto o contribución declaran. De este modo, los dispositivos de seguimiento articulan disciplina (orientada al individuo) y biopolítica (orientada a la población académica como tal), situando a la tercera misión en el corazón de las estrategias de gobierno universitario.

La noción de gubernamentalidad permite comprender este tipo de racionalidades (Foucault, 2006). La gubernamentalidad liberal y neoliberal no consiste en mandar de manera directa, sino en configurar entornos que inducen ciertos comportamientos “libres”, se gobierna dejando hacer, pero organizando las reglas del juego. Los sistemas de registro de la VcM son una expresión de esta forma de poder, no dicen simplemente “haga vinculación”, sino que establecen plazos, formatos, criterios de calidad, exigencias de evidencia, que invitan al académico a autogestionar su tiempo y su energía para cumplir adecuadamente.

Esta racionalidad configura al académico como una suerte de empresario de sí mismo (Foucault, 2007; Muñoz Ferrer, 2020), un gestor de funciones que debe equilibrar horas de docencia, investigación, vinculación y gestión dentro de un marco de exigencias crecientes. La extensión, presentada discursivamente como expansión del compromiso público de la universidad (Compagnuci & Spigarelli, 2020), puede transformarse en la práctica en un nuevo eje de presión sobre el trabajo académico, al tiempo que aumenta la necesidad de registrar todo para que “exista” institucionalmente. La gubernamentalidad no coacciona simplemente desde afuera, sino que se interioriza como autoexigencia de estar siempre actualizado, siempre al día con el seguimiento (Foucault, 2007; Muñoz Ferrer, 2020).

Estos dispositivos participan también en procesos de subjetivación (Foucault, 2002). El poder, además de reprimir; produce sujetos, formas de identidad y de autocomprensión. En la universidad gerencial (Poutanen et al., 2020), el ideal de “buen académico” se redefine incorporando fuertemente la VcM. No basta con enseñar e investigar, hay que demostrar compromiso con el entorno, manejar los sistemas, producir trazabilidad y evidencias, participar en proyectos alineados con los planes estratégicos. Los sistemas de registro ofrecen al propio sujeto un espejo donde reconocerse como responsable, comprometido, “bidireccional”. Los certificados emitidos, las constancias de participación y los informes de actividades devienen pruebas de una identidad que el académico puede reivindicar ante colegas, autoridades y organismos evaluadores. El dispositivo contribuye así a estabilizar un cierto ethos profesional acorde con el gerencialismo universitario.

Sin embargo, allí donde hay poder hay también posibilidades de resistencia, desvío y uso táctico. Los sistemas de sistematización no capturan nunca completamente la riqueza de las prácticas, y los actores desarrollan repertorios para negociar con ellos: seleccionar qué se registra y qué no, adaptar descripciones para que una experiencia particular calce en las categorías disponibles, reutilizar evidencias en distintos contextos, o incluso problematizar abiertamente las definiciones de lo que cuenta como vinculación. Estas microprácticas no suponen una exterioridad pura al dispositivo, pero sí muestran que la subjetivación gerencial nunca es total. La tercera misión se convierte así en un campo de disputa donde coexisten, a veces en tensión, una racionalidad orientada a la medición y demostración de resultados y otras formas de entender la relación universidad–territorio como proceso abierto, conflictivo y situado, no reducible a indicadores.





Metodología

Enfoque y diseño

El estudio se desarrolló desde un paradigma cualitativo, dada su flexibilidad y su énfasis en la comprensión de significados situados en contextos específicos (Hernández-Sampieri y Mendoza, 2018). Interesa comprender cómo académicas y académicos de la universidad caso significan la sistematización de sus actividades de Vinculación con el Medio en la plataforma de registro, atendiendo a sus experiencias, perspectivas y valoraciones subjetivas (Hernández-Sampieri et al., 2014).

Se adoptó un diseño descriptivo de corte fenomenológico, orientado a detallar las experiencias vividas en torno al uso de la plataforma y a identificar rasgos comunes en dichas vivencias (Creswell, 2018; Hernández-Sampieri y Mendoza, 2018; Duque y Díaz-Granados, 2019). La descripción buscó especificar propiedades y características del fenómeno en un grupo particular de académicas/os (Hernández-Sampieri y Mendoza, 2018; Ramos, 2020), otorgando centralidad a la forma en que interpretan y narran su relación con el dispositivo de registro (Sandelowski, 2000).


Participantes y muestreo

La unidad de análisis estuvo compuesta por académicas y académicos de la universidad caso que desarrollan actividades de VcM en asignaturas de pregrado o posgrado y/o en proyectos institucionales de VcM, con experiencia comprobable de uso de la plataforma de registro. Para ello se utilizaron las bases de datos institucionales de registro disponibles en la unidad institucional responsable, lo que permitió identificar a quienes contaban con uno o más registros en la plataforma entre 2016 y 2023.

Se empleó un muestreo intencional, que permitió seleccionar casos informativos y, cuando fue necesario, contrastar y profundizar en dimensiones emergentes del fenómeno (Hernández-Sampieri y Mendoza, 2018). Los criterios de inclusión fueron: (a) realizar VcM en asignaturas de pregrado o posgrado, o haber participado en equipos de proyectos de VcM; y (b) contar al menos con un registro en la plataforma de registro. Estos criterios aseguraron diversidad de disciplinas y facultades, así como familiaridad efectiva con la plataforma.


Técnicas de producción de información

La información se produjo mediante entrevistas semiestructuradas, que permitieron un diálogo flexible y co-construido entre investigadores e informantes, adaptándose a la dinámica particular de cada encuentro (Oyarzún, 2012). La pauta se diseñó a partir de una matriz de consistencia que articuló objetivos específicos, dimensiones de análisis y bloques de preguntas, resguardando la coherencia entre el problema de investigación y los temas abordados.

Con el fin de facilitar la participación, las entrevistas se realizaron en formato presencial o virtual, según disponibilidad de las y los participantes. Todas fueron grabadas en audio, previa autorización, para su posterior transcripción y análisis.


Análisis de información

Se utilizó análisis de contenido cualitativo, entendido como un procedimiento de organización e interpretación sistemática del material textual mediante categorías temáticas orientadas a identificar patrones de sentido y significados compartidos (Hernández-Sampieri et al., 2014).

Las grabaciones fueron transcritas íntegramente y sistematizadas mediante matrices elaboradas en Microsoft Office, lo que permitió ordenar la información, agrupar segmentos de texto por categorías preliminares y refinar dichas categorías en diálogo con los objetivos del estudio. La recolección y el análisis se desarrollaron de forma iterativa y casi paralela, permitiendo ajustar el foco conforme surgían nuevos matices analíticos (Hernández-Sampieri et al., 2014).



Criterios de rigor y consideraciones éticas

La credibilidad se resguardó a través de un registro cuidadoso de las entrevistas y de notas de campo que recogieron pistas contextuales y elementos relevantes para la interpretación (Hernández-Sampieri et al., 2014). Asimismo, se promovió un clima de confianza que favoreciera la explicitación de tensiones, resistencias y significados asociados al uso de la plataforma de registro.

En el plano ético, el estudio se ajustó a los principios de consentimiento informado, voluntariedad y confidencialidad (Gibbs, 2013). Previamente a la participación, se envió por correo electrónico un formulario con información sobre objetivos, alcances y destino de los datos, junto con el consentimiento informado. En cada entrevista se verificó la lectura de dichos documentos, se resolvieron dudas y se solicitó nuevamente el acuerdo explícito para participar y autorizar la grabación. Toda la documentación fue resguardada en soportes físicos y digitales, y se aseguró el anonimato de las/os participantes mediante el uso de seudónimos y la omisión de datos que permitieran su identificación.



Resultados

En esta sección se presentan los resultados del análisis de las entrevistas a académicas y académicos que utilizan el sistema de registro de actividades de Vinculación con el Medio. El apartado se organiza en cuatro ejes: 1) el funcionamiento del sistema como dispositivo de examen y archivo; 2) las formas de jerarquización y reconocimiento que se producen a partir de certificados y constancias; 3) las experiencias de sobrecarga, tensión temporal y malestar asociadas a la cultura del registro permanente; y 4) las tácticas, atajos y zonas grises que los sujetos despliegan en su uso cotidiano. En conjunto, estos ejes permiten observar cómo el sistema de registro contribuye a configurar una “vinculación auditada” y ciertas formas de subjetivación académica.



El sistema de registro como examen archivístico y matriz de normalización

Las entrevistas muestran que el sistema de registro organiza la VcM como un campo de observación permanente, donde cada actividad debe ser desagregada en asignaturas, aprendizajes, evidencias y categorías predefinidas. Esta exigencia de detalle no es sólo una cuestión técnica, sino que opera como un examen en sentido foucaultiano, que clasifica, compara y archiva las prácticas, produciendo ciertos formatos de vinculación como “correctos” y otros como residuales. Como señala una académica:



No me parece que estén como absolutamente definidos con suficiente claridad, los apartados donde uno puede distribuir información. Entonces, no siempre tengo la claridad de a dónde debería ir. Entonces… y además, el detalle de la información me parece que es excesivo” (FSA_AC_03).



La queja sobre lo “engorroso” no se limita al funcionamiento de la plataforma, sino que remite a la forma en que el dispositivo obliga a traducir la acción en un lenguaje administrativo altamente codificado. El problema no es sólo “subir” la actividad, sino aprender a narrarla en los términos del formulario, acomodándola a casilleros que no siempre coinciden con la lógica del trabajo territorial. De ahí que otra entrevistada advierta que:



Entonces, muchos colegas encuentran y me manifiestan que, si bien entienden la lógica de que hoy día se solicite tanta información de la actividad, que antes no ocurria [...] toda esa información, muchas veces hace que en el Sistema… lo hace más engorroso para ellos y, en varias oportunidades, hay problemas con informática que hace que la plataforma se caiga” (FCN_AC_01).



En este marco, la percepción de que el nivel de detalle es “excesivo” refuerza la idea de una matriz normativa que sobredetermina qué dimensiones de la actividad deben quedar registradas para que cuenten institucionalmente. El sistema no sólo pide información, sino que define qué cuenta como información relevante y cómo debe ser presentada, es decir, quién participa, bajo qué rol, qué evidencia adjunta y asociada a qué resultado de aprendizaje. De este modo, la diversidad de prácticas de VcM se ve progresivamente reordenada según los criterios del dispositivo.

Al mismo tiempo, el sistema produce “datos duros” que permiten al gobierno universitario mirar la VcM como una población cuantificable. Así, el examen archivístico se convierte en herramienta de intervención sobre carreras y unidades, al transformar la participación en cifras comparables que habilitan llamados de atención, metas y planes de mejora: 



Entonces, una reunión de carrera en donde diga ‘el 20% de académicos subió información al SINTE’ es un dato duro que permite reaccionar a la gente” (FCN_AC_01).



En suma, el sistema de registro no sólo capta información sobre la VcM, sino que la reconstituye bajo la forma de un archivo examinado y jerarquizado. Al exigir que las actividades se inscriban en categorías, evidencias y resultados predefinidos, el dispositivo delimita qué cuenta como vinculación legítima y qué queda en los márgenes de lo registrable. Esta matriz de normalización convierte la diversidad de prácticas en una superficie comparables y auditables, habilitando intervenciones sobre carreras y unidades a partir de “datos duros”. De este modo, la visibilidad producida por el examen archivístico no es neutra, ella organiza el campo de la extensión universitaria, orienta las expectativas institucionales y prepara el terreno para las formas de jerarquización y subjetivación que se describen en las secciones siguientes.



Jerarquización, incentivos y subjetivación del “buen académico vinculado”

El archivo generado por el sistema de registro se articula con los mecanismos de evaluación y jerarquización académica. La VcM no sólo es una práctica con sentido público, sino también un recurso a capitalizar en la carrera. En este marco, las constancias y certificados se transforman en signos de mérito que los sujetos pueden movilizar estratégicamente.



Creo que estos certificados ¿cierto? o constancias para el proceso de jerarquización a los académicos les hace mucho sentido, porque apoya bastante. Hay que ver cómo viene la pauta nueva de jerarquización, pero al menos en la actual hay un peso importante de vinculación” (FSA_AC_01)



Las constancias no son vividas únicamente como comprobantes administrativos, sino como huellas objetivables del trabajo realizado, que permiten mostrar actividad frente a la institución. El sistema de registro se inserta así en la economía general de la carrera académica, reforzando la figura del académico que gestiona cuidadosamente su portafolio de evidencias.



Las constancias son impactos para reflejar un poco que uno hizo algo, entonces en el fondo cuando se sube el sistema y se sube bien y se entrega la constancia, eso genera[...] impacto en las labores para decir sí, que tal profesor ha hecho actividades de vinculación”. (FSA_AC_02)



Esta lógica se explicita cuando se imagina el propio registro como algo que podría otorgar “puntos” o ventajas en concursos y proyectos. La demanda de incentivos reconoce que el dispositivo ya funciona como capital académico, aunque los mecanismos de valorización no siempre sean claros.



Que tuviera algún valor que uno ingrese más cosas que otros [...] que te de posibilidades de tener un punto asignado si es que vas a postular a un proyecto, que te suba el puntaje porque eres una persona que ya tiene una trayectoria, porque siempre estás marcando tu información”. (FSO_AC_02)



En clave foucaultiana, el examen no sólo clasifica conductas, sino que produce sujetos. Así, el “buen académico vinculado” aparece como quien sabe registrar, acumular constancias y convertir el sistema en un recurso para su jerarquización, ajustando su autocomprensión a un ethos gerencial competitivo.



Sobrecarga, tiempos y cultura de registro: entre obligación y frustración

La instalación de la cultura de registro se da en un contexto de fuerte sobrecarga laboral. El tiempo requerido para ingresar, corregir y rehacer los registros compite con la docencia, la investigación y otras tareas, generando tensiones entre “hacer” vinculación y “cargar” vinculación en el sistema.



Porque los profes en general tenemos escaso tiempo, entonces tenemos este poco tiempo que nos hacemos para poder subir nuestra información de vinculación pero, luego que estuvimos todo ese tiempo, al día siguiente nos llega un correo diciendo ‘tiene observación’…”. (FSO_AC_01)



A esta sobrecarga se suman problemas técnicos que incrementan la sensación de desgaste. La pérdida de información y la necesidad de volver a ingresar datos son leídas como una falla del dispositivo que repercute directamente en la disposición a registrar.



Tenía un avance y digo, pero ¿en qué minuto se me desapareció todo? porque te rescata algunos campos, cuando pasa el tiempo y no…”. (FED_AC_02)



En este escenario, el registro llega a vivirse como “pérdida de tiempo”, especialmente cuando la plataforma borra campos seleccionados o genera envíos duplicados. La frustración no sólo es emocional; apunta a una racionalidad que exige evidencias pero no garantiza condiciones mínimas de estabilidad técnica.



Yo encuentro que esos campos que son incluso de hacer clic y que se borran cuando tú ya los seleccionaste, pura pérdida de tiempo finalmente. Tú ya lo marcaste, debería quedar marcado. No sé por qué se borra.” (FED_AC_02)



Aparecía que había enviado cinco veces algo, entonces ese tipo de cosas hacen que después uno diga, ‘¡ay qué lata tener que sistematizar, subir esto es una pérdida de tiempo!’ y al final uno termina como perjudicando lo que sí es importante, que es sistematizar y guardar la información…”. (FSA_AC_02)



Desde la gubernamentalidad, se observa cómo la responsabilidad por no registrar o por “llegar tarde” tiende a individualizarse, aun cuando las entrevistas muestran que la sobrecarga y las fallas del sistema son estructurales. El sujeto se ve obligado a narrarse a sí mismo en términos de eficiencia y planificación, incluso en condiciones poco favorables.


Zonas grises, exclusiones silenciosas y usos tácticos del dispositivo

Las entrevistas también evidencian que el sistema no logra abarcar la diversidad de prácticas de VcM. Las categorías disponibles generan “zonas grises” donde ciertas actividades podrían encajar en más de un lugar, o derechamente no calzan en ninguno, lo que muestra los límites de la codificación institucional.



A veces me parece que hay como… no sé, yo lo llamaría como zonas grises en donde la información calzaría en más de un lugar, entonces cuando uno la va a ingresar no sé, voy avanzado y de repente me doy cuenta de que hay alguna información que era del otro lado y toca volver a empezar todo.” (FSA_AC_03)



Esta incapacidad de representación tiene efectos concretos. En este sentido, múltiples acciones, especialmente aquellas más pequeñas, informales o de cuidado de vínculos, quedan fuera del registro. Al mismo tiempo, algunas personas perciben que la información queda “encapsulada”, sin traducirse en mejoras visibles ni en decisiones compartidas, lo que refuerza la idea del sistema como un dispositivo principalmente orientado a evidencias para la acreditación.



No tengo claridad si lo puedo descargar yo. Pero no visualizo que esa información se esté utilizando en beneficio de los procesos y de las distintas áreas de desarrollo que tiene la universidad. Como que queda encapsulado, lo veo así yo.” (FED_AC_02)



En este contexto, el sistema también se experimenta como un protocolo que hay que cumplir para “tener la evidencia”, más que como una herramienta que retroalimenta las prácticas o la reflexión sobre el sentido de la VcM.



La verdad que en el fondo el ingreso a la plataforma del SINTE o todo lo que viene de vinculación con el medio es como cumplir un protocolo, ¿ya?, es como cumplir eso para después tener la evidencia que es lo que te piden para las acreditaciones, o que te lo piden para los procesos de jerarquización académica.” (FHU_AC_01)



Leídas en clave analítica, estas zonas grises no sólo expresan un problema de clasificación. También muestran un límite en el modo en el que el sistema traduce la experiencia de vinculación a categorías fijas. Varias entrevistas permiten entrever que una mejora del dispositivo no pasa simplemente por exigir más registro, sino por habilitar formas más flexibles de inscripción. Campos abiertos para actividades híbridas, opciones de reclasificación sin reiniciar el formulario, registro progresivo de la actividad y mecanismos de devolución periódica de la información podrían desplazar la plataforma desde una lógica centrada en la acreditación hacia un uso más reflexivo. Bajo esas condiciones, el sistema podría operar menos como una instancia de control posterior y más como un apoyo para revisar aprendizajes, trayectorias de trabajo territorial y criterios de decisión académica.

Sin embargo, las y los académicos aprenden a habitar el dispositivo de manera táctica, adaptando sus prácticas y descripciones para moverse en sus intersticios. La idea de “jugar el juego” condensa este aprendizaje práctico sobre cómo usar el sistema a favor propio, sin que ello implique una identificación plena con su racionalidad.



Yo creo que el problema se puede ir subsanando desde la experiencia, porque claramente cuando yo hice el ingreso de la primera actividad me demore mucho con esto de que se borraba, se caía [...] luego fui pasando el formulario a un word, para [...] ir llenando los campos y después copiar y pegar, haciéndolo antes que se cierre el sistema. Creo que el que hace uso recurrente del sistema, logra jugar el juego, finalmente.” (FED_AC_02.)



Estas zonas grises, las exclusiones y los usos tácticos muestran que, aunque el sistema busca normalizar y capturar la VcM bajo una lógica gerencial, siempre quedan restos y resistencias. Allí se abre un campo de disputa sobre qué cuenta como vinculación legítima, cómo se relaciona la universidad con sus territorios y hasta qué punto la tercera misión puede ser reducida a lo que es registrable en un sistema de seguimiento.





Discusión de los resultados

Los resultados permiten profundizar en la manera en que la institucionalización de la extensión universitaria, descrita por la literatura como un proceso atravesado por lógicas gerenciales y de aseguramiento de la calidad (Cano & Flores, 2023; Cancino & Cárdenas, 2018), se materializa en el nivel micro a través de sistemas de registro y seguimiento de la VcM. Más que simples herramientas de gestión, estos sistemas aparecen como dispositivos de poder-saber que articulan normas, categorías y evidencias, reorganizando qué puede ser dicho, mostrado y valorizado como vinculación legítima. En ese sentido, el estudio complementa trabajos previos que han descrito la creación de unidades, políticas y modelos de VcM (MINEDUC, 2018c), al mostrar que una parte decisiva de la “institucionalización” se juega en la forma concreta en que las actividades deben ser codificadas y archivadas para existir institucionalmente.

En primer lugar, la configuración del sistema de registro como un examen archivístico confirma la pertinencia de la lectura foucaultiana sobre el cruce entre vigilancia, juicio y archivo (Foucault, 2002). La exigencia de desagregar cada actividad en objetivos, aprendizajes, productos e indicadores traduce prácticas situadas en una gramática administrativa acumulable y comparable. Esta dinámica dialoga con los análisis sobre nueva gestión pública y cultura de indicadores en educación (Parcerisa & Falabella, 2017; Verger & Normand, 2015), pero los resultados permiten ir más allá de la denuncia general de la “burocratización”. Estos muestran cómo el diseño del formulario funciona como matriz normativa que define, de antemano, qué componentes de la experiencia territorial son relevantes y cuáles quedan fuera. Al hacerlo, el sistema más que medir la VcM, contribuye activamente a producirla bajo ciertos formatos estandarizados y alineados con el aseguramiento de la calidad.

En segundo lugar, la articulación entre registro y jerarquización académica evidencia que la tercera misión se integra de lleno en la economía general de la carrera universitaria. Las constancias emitidas por el sistema se convierten en capital académico movilizable en procesos de promoción, concursos o acreditación de programas. Esto permite concretar empíricamente la idea, sugerida en la literatura sobre gerencialismo universitario, de un “portafolio” de desempeño donde la VcM se suma a la docencia y la investigación como fuente de indicadores y méritos (Labraña et al., 2023). Desde la perspectiva de la gubernamentalidad (Foucault, 2006; Rose & Miller, 1992), puede verse cómo el dispositivo contribuye a producir una subjetividad específica. El “buen académico vinculado” es aquel que no sólo desarrolla actividades con el entorno, sino que sabe registrarlas, acumular certificados y presentarse como sujeto responsable, productivo y alineado con los objetivos estratégicos de la institución.

Al mismo tiempo, la experiencia cotidiana relatada por las y los académicos pone en evidencia los costos de este modo de gobierno. La sobrecarga de trabajo, las dificultades técnicas y la recurrencia de observaciones se traducen en sentimientos de frustración y en la percepción de que registrar es una “pérdida de tiempo”. Sin embargo, en lugar de problematizar las condiciones estructurales —paros, múltiples tareas, precariedad de tiempos—, la lógica del sistema tiende a individualizar la responsabilidad. Así, no alcanzar a cargar las actividades, perder plazos o no contar con las evidencias adecuadas se vive como déficit de organización personal. Esto es coherente con los análisis sobre gubernamentalidad neoliberal, donde se configura un sujeto llamado a autogestionar eficientemente su rendimiento bajo entornos de evaluación permanente (Verger & Normand, 2015). En este punto, los resultados tensionan el discurso normativo que presenta la VcM como ampliación del compromiso público de las universidades, mostrando cómo esa expansión puede implicar también nuevas formas de presión y auto-vigilancia sobre el trabajo académico.

Una tercera línea de discusión se relaciona con las zonas grises y exclusiones producidas por el dispositivo. La dificultad para clasificar ciertas actividades, y la imposibilidad de registrar acciones pequeñas, informales o de cuidado de vínculos, evidencian los efectos de la inclusión selectiva. Aquello que no cabe en las categorías del sistema queda en una semi-inexistencia institucional. Esto dialoga críticamente con la tradición extensionista latinoamericana, que ha enfatizado prácticas de educación popular, trabajo territorial de largo aliento y experiencias conflictivas no siempre traducibles a formatos medibles (Fauré & González, 2018; Dougnac, 2016; González López, 2018). Los resultados sugieren que, bajo regímenes gerenciales, la tercera misión corre el riesgo de reducir la complejidad de la relación universidad–sociedad a aquello que puede ser inscripto en sistemas de seguimiento, desplazando a los márgenes formas de vinculación más experimentales, situadas o políticamente densas.

En ese punto, los hallazgos también permiten formular una implicancia práctica precisa. Si el sistema aspira a sostener una vinculación con el medio que no reduzca su complejidad, necesita incorporar mecanismos de flexibilidad categorial y de retroalimentación institucional. No se trata únicamente de registrar mejor, sino de producir una circulación más significativa de la información. Cuando los datos retornan a carreras, equipos y unidades en forma de reportes, alertas o insumos para la revisión de prácticas, el dispositivo deja de operar exclusivamente como filtro de legibilidad y comienza a intervenir como mediación organizacional. La cuestión relevante, entonces, es identificar qué prácticas logran entrar al sistema, así también los usos institucionales se habilitan una vez que esas prácticas fueron registradas.

No obstante, las entrevistas también muestran que el dispositivo nunca captura completamente las prácticas. Las y los académicos desarrollan usos tácticos del sistema. Aprenden a “jugar el juego”, seleccionan qué registrar y qué no, ajustan descripciones para que las actividades calcen en las categorías, reutilizan evidencias o cuestionan abiertamente el sentido de ciertos requerimientos. En términos foucaultianos, los resultados confirman que allí donde hay poder hay resistencias, desvíos y reapropiaciones (Foucault, 2002, 2006, 2007). Estas micro-prácticas no constituyen una exterioridad pura a la racionalidad gerencial, pero sí abren fisuras desde las cuales es posible re-politizar la VcM, por ejemplo, disputando las definiciones de lo que cuenta como vinculación, problematizando el encapsulamiento de los datos o reclamando que la información generada vuelva a las unidades y territorios como insumo de reflexión y decisión compartida.





Conclusiones

Este estudio permite afirmar que los sistemas de registro de la vinculación con el medio no son más que el telón de fondo de la burocracia, son una pieza central en la configuración contemporánea de la tercera misión. A partir del análisis foucaultiano del examen, proponemos entender estos dispositivos como infraestructuras de gubernamentalidad, arreglos técnico–administrativos que definen qué puede convertirse en dato, evidencia y mérito dentro de la relación universidad–sociedad. En ellos se juega una parte sustantiva de la disputa por el sentido de la VcM, más allá de las declaraciones programáticas y los modelos institucionales.

Un primer aporte teórico del estudio es la noción de “vinculación contabilizable”. Con este término buscamos nombrar el proceso mediante el cual prácticas heterogéneas –territoriales, pedagógicas, comunitarias– son traducidas a formatos compatibles con los sistemas de seguimiento, haciéndolas circular como evidencias, indicadores o constancias. La “vinculación contabilizable” no agota la VcM, pero tiende a volverse su versión dominante. Dicho de otro modo, aquello de la relación universidad–sociedad que cuenta, porque puede ser registrado, certificado y movilizado en la carrera académica y en la acreditación. Esta propuesta permite afinar la crítica al gerencialismo universitario, mostrando que no se trata sólo de “más control”, sino de una reconfiguración del vínculo con el entorno bajo criterios de traducibilidad y cálculo.

En segundo lugar, los hallazgos permiten describir lo que podríamos llamar una doble temporalidad de la vinculación. Por un lado, el tiempo de “hacer” VcM, es decir, planificar, trabajar con comunidades, sostener vínculos, resolver conflictos. Por otro, el tiempo de “demostrar” VcM, que se traduce en cargar actividades, adjuntar evidencias, responder observaciones, asegurar que nada quede fuera del sistema. La tensión entre estas dos temporalidades supera la dimensión organizativa; y se constituye como política y subjetiva. La responsabilidad por no alcanzar a registrar, perder plazos o no disponer de evidencias tiende a ser leída como déficit de organización individual, empujando a las y los académicos a narrarse en clave de eficiencia, planificación y cumplimiento, más que como parte de un entorno de sobrecarga estructural. Esta doble temporalidad ayuda a comprender cómo la tercera misión, empujada por el aseguramiento de la calidad, puede terminar reduciendo la complejidad del vínculo universidad–sociedad a lo que logra ser inscripto en el sistema de seguimiento.

A nivel del caso chileno, el estudio aporta una lectura situada sobre cómo las reformas de aseguramiento de la calidad y la expansión de la tercera misión se encarnan en el trabajo cotidiano en una universidad estatal regional. Muestra que los sistemas de registro se convierten en un punto de cruce entre, al menos, tres tradiciones: la extensión crítica latinoamericana, las políticas nacionales de acreditación y los dispositivos internos de evaluación académica. Desde ahí, la VcM aparece como un campo de fricción donde se encuentran prácticas ancladas en territorios específicos con matrices de gestión orientadas por indicadores y evidencias. Este enfoque permite complejizar diagnósticos habituales sobre la “institucionalización” de la vinculación, mostrando que una parte de esa institucionalización puede implicar también invisibilizar prácticas pequeñas, informales o políticamente conflictivas que no calzan bien con los formatos del sistema.

Al mismo tiempo, las dinámicas observadas dialogan con preocupaciones globales sobre la tercera misión y la nueva gestión pública. La centralidad otorgada a la generación de datos, la traducción de la VcM en indicadores y su integración en la carrera académica no son fenómenos exclusivos de Chile. Lo que muestra este caso –y que puede ser relevante para otros contextos– es que la expansión de la tercera misión bajo regímenes de aseguramiento de la calidad tiende a producir regímenes de visibilidad donde sólo una parte del vínculo universidad–sociedad se vuelve legible y valorizable. En sistemas de educación superior fuertemente orientados por métricas, la pregunta ya no es sólo si las universidades “se vinculan”, sino qué porción de ese vínculo puede sobrevivir al filtro de lo registrable y lo acreditable.

El estudio tiene, sin embargo, limitaciones importantes. Se basa en un único caso institucional y recoge fundamentalmente la perspectiva de la planta académica, lo que acota el espectro de experiencias y posiciones analizadas. No incorpora de manera directa la voz de equipos de gestión, estudiantes ni actores comunitarios, cuya mirada podría matizar o tensionar las interpretaciones aquí presentadas. Además, el análisis se centra en un momento específico del desarrollo del sistema, sin seguir longitudinalmente su evolución ni sus posibles reconfiguraciones en el tiempo.

Estas limitaciones abren, a la vez, un conjunto de líneas de investigación futuras. Resulta pertinente desarrollar estudios comparados entre distintas universidades chilenas–y de otros países latinoamericanos– para identificar tipologías de dispositivos de registro y sus efectos diferenciados sobre la subjetivación académica y la territorialización de la VcM. Asimismo, se requieren investigaciones multi-actorales que incorporen la perspectiva de equipos de gobierno universitario, estudiantes y organizaciones territoriales, con el fin de comprender si y cómo los sistemas de seguimiento inciden en la co-construcción de agendas y proyectos conjuntos. Finalmente, sería fecundo articular el enfoque foucaultiano con la teoría de sistemas y la teoría de los ensamblajes, para analizar cómo estos dispositivos de registro se acoplan a otros arreglos –financiamiento, evaluación del desempeño, políticas regionales– en la configuración de ensamblajes universidad–territorio.

En conjunto, los hallazgos y las propuestas conceptuales de este estudio sugieren que cualquier intento de fortalecer la vinculación con el medio –en Chile y en otros sistemas de educación superior– no puede limitarse a redactar nuevas políticas o modelos. Es imprescindible interrogar también las infraestructuras concretas mediante las cuales la universidad contabiliza, clasifica y demuestra su relación con la sociedad, así como sus efectos sobre lo que se vuelve visible, reconocible y habitable como vínculo legítimo entre universidad y territorio.

En esa misma dirección, fortalecer la VcM exige también pensar sistemas de registro capaces de devolver sentido a la información que recogen, de modo que funcionen más que solo como soportes de acreditación, sino también como herramientas de reflexión pedagógica, aprendizaje institucional y deliberación sobre la relación universidad-territorio.



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Biografía de autore/as:

Diego Verdejo-Cariaga. Licenciado en Sociología (Universidad de Playa Ancha) y Mgter. en Análisis Sistémico Aplicado a la Sociedad (Universidad de Chile). Candidato a Doctor en Ciencias Sociales (Universidad de Playa Ancha). Secretario Ejecutivo de la Dirección General de Vinculación con el Medio de la Universidad de Playa Ancha.

Romina Vilches Prado. Licenciada en Bibliotecología (Universidad de Playa Ancha) y Mgter en Bibliotecología e Información (Universidad de Playa Ancha). Coordinadora de la Unidad de Aseguramiento de la Calidad en Vinculación con el Medio de la Universidad de Playa Ancha.