Los automatismos en la era de la IA y la autonomía de los pueblos
Os automatismos na era da IA e a autonomia dos povos
The automations in the AI era and the autonomy of the common people
Julieta Marcela Filippi Villar
Facultad de Psicología - Universidad Nacional de Mar del Plata
julietafilippi@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0003-2954-467X
Juan Pablo Issel
Facultad de Psicología - Universidad Nacional de Mar del Plata
juanpabloissel@yahoo.com.ar
https://orcid.org/0009-0002-3322-7490
Campos a completar por editores
Sección: ENF
Recepción: 05/09/2025 Aceptación final: 27/05/2026
Para citación de este artículo: Filippi Villar, J. M. y Issel, J. P. (2026). Los automatismos en la era de la IA y la autonomía de los pueblos. Revista Masquedós, 11(15), 1-13. https://doi.org/10.58313/masquedos.2026.v11.n15.455
Resumen
El objetivo del presente artículo es poner de relieve los desafíos que el uso de tecnologías, como la inteligencia artificial y el Big Data, provocan en el desarrollo de algunos de los objetivos que la extensión crítica universitaria se propone a través de su praxis. Si bien la finalidad última se vincula con poder establecer particularmente la forma en que la utilización de estas tecnologías podría incidir en los procesos de autonomía de los pueblos, objeto privilegiado de promoción de las prácticas extensionistas críticas. También se pretende localizar la interferencia que se produce en los procesos de asociatividad (vinculado estrechamente a la posibilidad de autonomía); así como el impacto que produce la aparición de un nuevo lugar de enunciación de la verdad que coloniza, no sólo los saberes populares, sino también los científicos y académicos, resolviendo, a partir de su aniquilación, la tensión que se producía entre ambos y sobre la cual la praxis extensionista siempre se presentó cuidadosa; mientras se deteriora el valor social y de enunciación de las Universidades Públicas.
Para el logro de este objetivo, se utiliza la metodología de análisis y revisión bibliográfica, partiendo de la caracterización de la extensión crítica, para luego, y desde una lectura interdisciplinaria, adentrarse en la descripción de esta era, denominada “siliconización del mundo” (Sadín; 2022) y de colonización digital de los pueblos, para finalmente delimitar los desafíos a los que la extensión crítica se enfrenta.
Palabras clave: Extensión crítica, automatismos, autonomía, asociatividad, verdad
Resumo
O
objetivo do presente trabalho é evidenciar os desafios que o uso de
tecnologias, como a inteligência artificial e o Big Data, provoca no
desenvolvimento de alguns dos objetivos que a extensão universitária
crítica se propõe por meio de sua práxis. Embora a finalidade
última esteja vinculada a estabelecer, em particular, a forma como a
utilização dessas tecnologias pode incidir nos processos de
autonomia dos povos, objeto privilegiado de promoção das práticas
extensionistas críticas, pretende-se também identificar a
interferência que se produz nos processos de associativismo
(estreitamente vinculados à possibilidade de autonomia), bem como o
impacto gerado pelo surgimento de um novo lugar de enunciação da
verdade que coloniza não apenas os saberes populares, mas também os
científicos e acadêmicos, resolvendo, a partir de sua aniquilação,
a tensão que se produzia entre ambos e sobre a qual a práxis
extensionista sempre se mostrou cuidadosa, ao mesmo tempo em que se
deteriora o valor social e enunciativo das Universidades
Públicas.
Para alcançar esse objetivo, parte-se da
caracterização da extensão crítica para, em seguida, a partir de
uma leitura interdisciplinar, aprofundar-se na descrição desta era,
denominada “siliconização do mundo” (Sadín; 2022) e de
colonização digital dos povos, para finalmente delimitar os
desafios enfrentados pela extensão crítica.
Palavras-chave: Extensão crítica; automatismos; autonomia; associativismo; verdade.
Abstract
The objective of this scientific article is to expose the challenges that the Artificial Intelligence and the Big Data provokes in the development of some objectives that University Critical Extensión propose through its praxis. Besides, the ultimate purpose is to be able to establish, particularly, the way these technologies can influence the autonomy process of common people, a privileged object of promotion of the critical extensionists practices. It also, intends to locate the interference, that result up in the associativity processes, closely related to de autonomy possibility, As well as, the impact that generates the emergence of a new place of enunciation of the Truth that colonizes, not just the Popular Knowledge but the Academic and Scientists ones, from its annihilation, the tension which is produced between both of them and where the extensionist praxis is always cautions, while the social values and the enunciation of Public Universities are being deteriorated.
To achieve the objective of this work, a methodology of bibliographic analysis and review is used. The starting point will be the characterization of the Critical Extensión. Later on, from an interdisciplinary reading, get into this era called “the world siliconization” (Sadin; 2022) and the digital colonization of the common people. And finally, mark off the challenges that the critical extensión face nowadays.
Keywords: Critical extensión, automations, autonomy, associativity, truth
A pesar de haber sido un término acuñado en los años 50 y de contar con una larga trayectoria de estudio, la emergencia de los chatbots como ChatGPT, Gemini y otros representa un avance exponencial en comparación con lo que venía sucediendo en el campo de la Inteligencia Artificial (IA).
Sin duda, el desarrollo tecnológico y la proliferación de dispositivos con conectividad están transformando radicalmente el mundo. La pandemia, en particular, impulsó vertiginosamente la digitalización y la expansión de la IA, generando una integración casi total de estos artificios en nuestra vida cotidiana, en nuestras interacciones sociales y en la producción de subjetividad.
Si bien son múltiples las advertencias y dudas planteadas por expertxs, críticxs, gobiernos e incluso empresarixs dedicadxs a la IA, sobre lo que implica su avance descontrolado, aún no se han establecido regulaciones ni acuerdos mínimos en torno a su ética y dirección. Se teme que, lejos de beneficiar a la humanidad, esta evolución tecnológica profundice la desigualdad y la injusticia. Incluso existen posturas más extremas que advierten sobre la posibilidad de que la IA marque el fin de nuestra especie.
La irrupción de la inteligencia artificial interpela también, y profundamente, a la Universidad en todas sus funciones. Las formas de aprender, de producir conocimiento y de habitar los territorios han mutado. Frente a esta transformación socio-tecnológica de magnitud histórica, resulta imprescindible repensar críticamente los sentidos, métodos y finalidades de la Universidad Pública en su conjunto.
El objetivo del presente artículo es proponer una reflexión crítica sobre la forma en que la utilización de estas tecnologías podría incidir en los procesos de autonomía de los pueblos, objeto privilegiado de intervención de las prácticas extensionistas críticas.
La extensión crítica y la autonomía de los pueblos:
Se vuelve necesario, en primer lugar, poder caracterizar aquello que entendemos por extensión crítica y las prácticas que le son solidarias. Para cumplir con este objetivo, nos nutrimos del marco teórico propuesto tanto por la Universidad de la República de Uruguay , como la Universidad Nacional de Rosario (Medina; Tommasino; 2018.), que permiten identificarla como una vertiente producida por los procesos emancipatorios que tuvieron lugar en América Latina y con una vinculación estrecha con la educación popular y los procesos de la investigación - acción - participativa.
Tal como ha sido planteado en otros trabajos:
Se sostiene en la concepción freiriana de praxis, entendida como la reflexión sobre la acción de hombres y mujeres sobre el mundo con el fin de transformarlo, encontrando en la sistematización de sus prácticas el esfuerzo permanente y metódico de comprensión profunda y radical de nuestras decisiones, estrategias, tácticas y prácticas. (Colacci y Filippi, 2020, p. 24).
El objetivo transformador de la extensión crítica podría proponerse como bifronte: 1) hacia el interior de las universidades, promoviendo una formación que trasciende la tecno/mercantilista, abonando a la formación de universitarixs comprometidxs con los sectores populares históricamente postergados y vulnerabilizados de América Latina; y 2) hacia el exterior, contribuyendo a los procesos de organización y autonomía de los sectores populares más postergados.
Si la finalidad expresa de la praxis extensionista crítica se vincula a:
la construcción o consolidación de espacios colectivos autogestionados y autónomos, basados en una concepción teórico metodológica que tiene como fundamento la construcción de procesos participativos que implican niveles crecientes de compromiso y solidaridad para la búsqueda organizada de la acción que lleve a la transformación social de aquellos sectores de la población que sufren de manera sistemática procesos de postergación, exclusión, dominación y explotación (Colacci y Filippi, 2020, p. 25)
avanzar sobre el primer objetivo se constituye como el principal recaudo ético, político y metodológico, en tanto previene la colonización academicista que el saber universitario, durante mucho tiempo, ha cometido sobre los pueblos; y como único camino para lograr la plena consecución del segundo.
La pregunta ahora sería: ¿la autonomía de las personas y de los pueblos, que siempre ha sido intervenida por procesos psicológicos, políticos, sociales e intereses económicos, se ve particularmente afectada por la colonización digital? Adelantamos nuestra respuesta: si.
En términos generales, la autonomía puede definirse como la capacidad, el derecho o la condición de una persona, colectivo o sistema para autogobernarse, tomar decisiones propias y orientar su acción con cierto grado de independencia respecto de condicionamientos externos. No obstante, dicha independencia nunca es absoluta, ya que se ejerce necesariamente en el marco de múltiples determinaciones sociales, históricas, económicas y psicológicas que la atraviesan y la limitan. En el mismo sentido, el psicoanálisis nos ha enseñado que para las personas la posibilidad de elección y libre albedrío es estrecha y sumamente reducida por un sin fin de determinaciones (biológicas, genéticas, psíquicas, geográficas, lingüísticas, económicas, políticas, históricas, accidentales, por solo nombrar algunas) que hacen de la autodeterminación pura, una ilusión.
En este marco, los procesos contemporáneos de colonización digital introducen una nueva dimensión de condicionamiento, al intervenir de manera creciente en las interacciones y actividades humanas, impactando tanto en la autonomía individual como colectiva. A través de la mediación algorítmica, la captura de datos y la organización de la experiencia en entornos digitales, se configuran modos específicos de percepción, interacción y decisión que tienden a orientar las conductas y a segmentar los vínculos sociales en función de objetivos definidos por actores concentrados. Sus efectos se extienden sobre amplios sectores de la población, incluso, en ocasiones, en contra de sus propios intereses y de manera sutil o imperceptible. Es así como, en los tiempos que corren de segregación y aislamiento entre idénticos por las operaciones de los algoritmos, tanto la capacidad de asociatividad original y creativa como la autonomía se encuentran cada vez más comprometidas. Quizás los discursos de libertad que han proliferado sin cesar sean un modo de disfrazar la agencia individual y colectiva que se pierde en cada me gusta, en cada scroll, en cada nanosegundo que nos arrebata la atención en las pantallas.
Entendemos por “colonización digital” este estado en el cual las tecnologías informáticas participan activamente en la organización de la vida cotidiana, la toma de decisiones y la construcción de la realidad. Estos dispositivos tecnológicos en los cuales las poblaciones fueron delegando de formas casi imperceptible su agencia, son impulsadas y desarrollados en su mayoría por intereses económicos que pueden no coincidir con el bienestar general. Aún más grave, su uso descontrolado altera, de maneras que recién estamos comenzando a comprender, los procesos de socialización, desarrollo psíquico y afectivo, anímico, atencional interfiriendo en la salud mental de las personas y poblaciones y en los procesos de organización y autonomía popular.
La siliconización del mundo:
En este apartado, y desde una lectura interdisciplinaria, se pretende localizar la interferencia que los dispositivos con conectividad dotados de inteligencia artificial producen en dos de los procesos que la praxis extensionista crítica se propone promover: el de asociatividad y el de autonomía. También el impacto que produce la aparición de un nuevo lugar de enunciación de la verdad que coloniza los saberes populares, pero también científicos, resolviendo, a partir de su aniquilación, la tensión que se producía entre ambos y sobre la cual la praxis extensionista siempre se presentó cuidadosa.
El tele-individuo tirano y su a- asociatividad:
El contexto de época es denominado por Sadin (2022) como “siliconización del mundo” y se viene construyendo gradualmente desde hace años, pero necesitó de la experiencia pandémica para su aceleración, masificación y consolidación. Las medidas de aislamiento que se produjeron para hacer frente al virus, impulsaron de manera abrupta el uso de dispositivos y plataformas para muchas actividades cotidianas, atravesando un umbral en la interacción con los sistemas digitales tanto a nivel individual como colectivo. Esto favoreció la instalación de la figura del individuo tirano (Sadin; 2022) al que el autor define como figura civilizatoria inédita, en la cual se va aboliendo, progresivamente, todo cimiento común para dejar lugar a una infinidad de seres esparcidos que quieren ejercer su derecho a un protagonismo preponderante. La supuesta horizontalidad de las redes y la eclosión de las lógicas neoliberales atomiza a los individuos replegados en sus propias reivindicaciones que deviene, en lo que el autor denomina, totalitarismo de la multitud. Totalitarismo entendido en los términos de Hannah Arendt:
como una situación general en el seno de la cual no prevalece ya ningún punto de referencia identificable, donde se hace reinar voluntariamente la inestabilidad permanente, donde ciertas pulsiones se pueden expresar sin encontrar mayores obstáculos, haciendo oscilar una dinámica continua de caos que provoca incertidumbre personal y disolución de las estructuras sociales (Sadin, 2022, p. 37).
Preciado (2020) nos permite pensar que las distintas epidemias, que han tenido lugar a lo largo de la historia, materializan las obsesiones que dominan la gestión política de la vida y de la muerte de las poblaciones en un periodo determinado. Y señala que ya mucho antes de que hubiera aparecido el Covid-19 habíamos iniciado un proceso de mutación planetaria:
pasando de una sociedad escrita a una sociedad ciber oral, de una sociedad orgánica a una sociedad digital, de una economía industrial a una economía inmaterial, de una forma de control disciplinario y arquitectónico, a formas de control micro prostéticas y mediático cibernéticas (Preciado, 2020, p.171).
Ya estaba preparada la escena para que el home office y la educación tecno mediada se impongan como metodologías para hacer frente al aislamiento: permiten poner al cuerpo en suspenso, pero sosteniendo la productividad, potenciando así los procesos de dominación psicopolítica que ya estaban en marcha y que promueven la conquista o posesión del otrx no desde su ser corpóreo, sino de su potencial de producción psíquica y autónoma, sin fuertes conflictos individuales, ni sociales.
Se considera necesario igualmente, detenernos un poco más en la pandemia producida por el COVID - 19, acontecimiento de proporciones catastróficas y alcance mundial, que ha producido consecuencias que necesitan ser pensadas como claves de acceso al entendimiento de una actualidad que se nos vuelve cada vez más opaca e ininteligible. Preciado dice que las epidemias:
por su llamamiento al estado de excepción y por la inflexible imposición de medidas extremas, son también grandes laboratorios de innovación social, la ocasión de una reconfiguración a gran escala de las técnicas del cuerpo y las tecnologías del poder. (Preciado, 2020, p.175).
En Dysphoria mundi (2022) el autor va más allá y sostiene que cuando fuimos forzados al encierro y cuando nuestros cuerpos fueron objetivados como organismos susceptibles de transmisión y contagio también fueron descolectivizadas las estrategias de lucha, y las voces fragmentadas:
Si el capitalismo petrosexorracial mundial hubiera podido organizar una estrategia transversal, de Hong Kong a Barcelona pasando por Varsovia, para disolver los movimientos disidentes no habría encontrado una fórmula mejor que la que impone el virus, con el confinamiento, los gestos barrera y la nueva trazabilidad digital de los teleciudadanos. La gestión de la crisis del covid-19 generó no solo un estado de excepción político o una regulación higiénica del cuerpo social, sino también lo que podríamos llamar, siguiendo a Félix Guattari y Suely Rolnik, un estado de excepción micropolítico, una crisis de la infraestructura de la conciencia, de la percepción, del sentido y de la significación del mundo (Preciado, 2022, p. 330).
Así es como se fue modelando esta “tendencia” de los individuos a replegarse y centrarse sobre su propio régimen de creencias, a sentir que deben hacer prevalecer su propio punto de vista borrando espacios de entendimiento mutuo, tendencia que puede localizarse como un primer obstáculo para la praxis extensionista crítica. La misma tiene como finalidad expresa:
la construcción o consolidación de espacios colectivos autogestionados, basados en una concepción teórico metodológica que tiene como fundamento la construcción de procesos participativos que implican niveles crecientes de compromiso y solidaridad para la búsqueda organizada de la acción que lleve a la transformación social de aquellos sectores de la población que sufren de manera sistemática procesos de postergación, exclusión, dominación y explotación. (Colacci y Filippi, 2020, p. 25)
Individuos solos, mirando pantallas, volcando sus verdades en redes sociales, sus inquietudes en búsquedas, su trabajo y tareas en aplicaciones que dejan una huella digital imborrable, la cual es datificada y transformada en alimento que nutre algoritmos mercantilizados, presentan una resistencia pasiva a incorporarse a procesos colectivos, profundizando de esta manera el actual estado de situación.
Los automatismos y la autonomía de los pueblos
Eric Sadin, en su libro La inteligencia artificial o el desafío del siglo (2024) realiza un breve recorrido por la historia de la informática, en el cual revela la transformación que viene sufriendo en estos últimos tiempos: abandono de la vocación inicial de conservar y manipular de manera sencilla la información por su revés: orientar la acción humana. Para eso fueron fundamentales las primeras computadoras personales que le permitieron a las personas comenzar a desarrollar una relación lúdica y singular con sus máquinas, pero en marcos bien circunscritos que le permitían actuar “según sus deseo frente a sus pantallas, y eso mismo los excitaba, lo que generó un entusiasmo casi generalizado a escala mundial” (Sadín, 2024, p. 55). Internet fue el acontecimiento decisivo, que necesitó del desarrollo de las técnicas heurísticas y de inferencia para desplegar toda su actual potencia, basada en el data mining o minería de datos: “la aptitud para distinguir correlaciones, dentro de las bases de datos, que permiten encontrar lazos significativos entre diferentes hechos” (p. 57), eje principal de las investigaciones llevadas a cabo en las ciencias del cálculo y los datos que culminan, según Sadin, en el otorgamiento de facultades cognitivas a las tecnologías digitales.
Este autor avanza en lo que considera la corporización de un nuevo modelo que le asigna a los sistemas computacionales una posición de superioridad en la evaluación de las cosas, con la consecuente capacidad de tomar las mejores decisiones para organizar un mundo, cuya tendencia probada es a desorganizarse. Tecnologías que nos engañan con su supuesta búsqueda de simular el funcionamiento cerebral, cognitivo y psíquico, para adaptarse en realidad a otro modelo: “el de la economía ultraliberal, basado en la identificación en tiempo real de todo lo que ocurra y que sea virtualmente aprovechable para generar incesantemente ciclos crecientes de rotación del capital” (p. 70). Es por esto que para Sadin la IA no representa una tecnología, sino una tecno-ideología que busca confundir los procesos cerebrales con las lógicas económicas y sociales.
Hubo momentos en que lxs ciudadanxs se percataron del peligro que para su vida privada, libertad, e incluso para la democracia, revestían los mecanismos de intercepción de datos invasivos, existentes en internet, pero todos los reclamos y regulaciones fueron dirigidas a los Estados, soslayando que el primer eslabón de la cadena estaba compuesto por actores económicos. Pero esta vigilancia digital contra la que se estaban sublevando las masas ya estaba cambiando poco a poco su foco hacia la producción de técnicas que se proponen actuar sobre las personas para incitarlas a participar “en el orden correcto de las cosas” (p.219). Aquí podría localizarse el pasaje de “la vigilancia estricto sensu a una administración automatizada de las conductas” (p.219), cuyo objetivo es influir sobre los comportamientos. Son técnicas que persiguen como finalidad gobernar la vida cotidiana, mientras nos prometen tomar mejores decisiones, hacer más segura nuestra vida, mantener y/o mejorar la imagen, aprovechar las mejores ofertas, etc.
En el mismo sentido, Tommasino y Barreras (2022) toman un libro de Zuboff: “La edad del capitalismo de vigilancia”, donde se aborda la puesta en marcha de un nuevo orden económico en donde las experiencias humanas son la materia prima que nutren estrategias comerciales ocultas de predicción del consumo: “Existe una verdadera mercantilización de la vida privada cotidiana que es interferida, manipulada desde la virtualidad y más allá del “gran hermano” que vigilia, se construye una dirección subliminal que nos marca y conduce actos, sentimientos, afectos y deseos” (Tommasino y Barreras, 2022, p. 17).
Esta era en la cual, según Sadin, se ha vuelto posible la vieja aspiración a modelar el hecho social, se observa una complejidad inédita para procesos como los que propone la extensión crítica, tendientes a poner en revisión y en jaque todos aquellos automatismos que impiden la autonomía de los sectores con los cuales se trata de construir existenciarios más justos. Y si bien toda vida de masas, organizada, tiende a establecer procesos automáticos para que los seres humanos conserven sus relaciones, ahora parece perdido el mundo que antes era común a todxs, y hacia esto posible. Entregarse a estos automatismos poniendo filtros que previenen de los encuentros y las experiencias inesperadas, se sostiene en la creencia de que se podrá ser certero y eficiente en la toma de determinaciones. “Cada uno buscaría deliberadamente, dotándose de medios ad hoc, integrarse a este orden técnico - higienista - liberal” (p. 226) lo que vuelve ilusoria, pero sobre todo insensata, toda aspiración divergente. Una propuesta surgida de los saberes populares, del tejido de experiencias e historias colectivas, será necesariamente fallida en este momento de la historia en el cual el cálculo garantiza la más absoluta eficiencia.
El lugar de la enunciación de la verdad, el saber popular y las Universidades Públicas
El filósofo italiano Giorgio Agamben (2015) ha señalado que asistimos a un proceso de expropiación de la experiencia que recorre toda la modernidad y que consiste en la reducción del conocimiento posible al modelo de racionalidad de la ciencia moderna. Según Agamben, la incapacidad del ser humano para tener y transmitir experiencias se ha convertido en uno de los pocos datos ciertos que éste posee sobre sí mismo.
Esta simplificación de lo humano también podría rastrearse en la afirmación lacaniana de que “el discurso de la ciencia forcluye al sujeto” (Lacan, 1965, p. 834). La ciencia moderna, al producir saberes objetivables, desaloja del centro del conocimiento al sujeto del deseo, al cuerpo afectado, al hablante situadx. Este énfasis en una razón científico-técnica, que privilegia la lógica y la verificación empírica por sobre otras formas de saber, conlleva la pérdida de una dimensión fundamental de la verdad: aquella que se sostiene en la vivencia, en la experiencia encarnada, histórica y política de un cuerpo deseante.
En este contexto, cabe preguntarse si la emergencia de la inteligencia artificial no constituye el corolario de ese largo proceso en el que la enunciación de la verdad se desplaza definitivamente fuera del ámbito de lo humano y su capacidad de experiencia. ¿No estamos ante una forma radicalizada de esa expropiación, donde el saber ya no requiere ni de la experiencia, ni del cuerpo, ni del sujeto que padece, desea y significa?
Eric Sadin va a plantear que la IA tiene un estatuto inédito en la historia de la tecnología, dejando de ser una mera prótesis que amplifica la capacidades humanas para convertirse en un sistema que enuncia verdades sobre el mundo y toma decisiones.
Ahora bien, una de las marcas diferenciales de la extensión universitaria (en su vertiente crítica) ha sido la insistencia de la puesta en valor de los saberes populares y en el desarrollo de innumerables recaudos metodológicos para que el saber académico no colonice el saber de los pueblos. Hoy pareciera ser necesario poder aunar esfuerzos para (volver) a otorgarle al conocimiento científico y académico el lugar de centralidad del que fueron desterrados por un deslizamiento peligroso que buscar confundir lo popular, común y colectivo con las micro verdades individuales, ajustadas por el algoritmo al tamaño de la subjetividad de cada quien.
En un trabajo anterior (Issel, 2024) se analiza el caso argentino a partir de la asunción del gobierno de Javier Milei en diciembre de 2023, caracterizado por una fuerte impronta antiestatista, énfasis en la desregulación económica y cuestionamientos al rol del Estado como garante de derechos. En este contexto, el sistema universitario público argentino comienza a ser fuertemente interpelado, tanto en su caracterización tanto de gasto innecesario como de enemigo en el marco de lo que estos sectores denominan la batalla cultural.
Esta interpelación se inscribe en una línea argumental según la cual el comunismo, derrotado en el plano político y económico tras la caída del Muro de Berlín, habría mutado hacia el terreno de la influencia cultural, donde las universidades públicas son ubicadas como espacios centrales, junto a movimientos artísticos, feministas y ambientalistas, en una supuesta hegemonía “neomarxista” que las nuevas derechas buscarían disputar.
Este encuadre forma parte de un fenómeno más amplio de emergencia de nuevas derechas a nivel internacional, como las expresadas en los gobiernos de Jair Bolsonaro y Donald Trump, que combinan agendas económicas neoliberales con discursos anti igualitarios y de confrontación cultural, estrechamente vinculados a un proceso creciente de mediatización digital y reconfiguración de la esfera pública. En el caso argentino, esto no solo promueve la mercantilización de la educación, sino que también deslegitima valores constitutivos de la universidad pública, como la democracia, el pensamiento crítico y los derechos humanos, así como su función social, particularmente expresada en la extensión universitaria.
Este proceso se traduce en políticas concretas: deterioro del presupuesto en términos reales, recortes en el sistema científico, pérdida del poder adquisitivo del salario docente y dificultades en el sostenimiento de programas e infraestructura. A la par, estas dinámicas se potencian en el ecosistema de redes sociales, donde sectores de las nuevas derechas encuentran espacios privilegiados de intervención y circulación discursiva. En estos ámbitos, las universidades son presentadas como espacios de adoctrinamiento wokistas y como estructuras capturadas por intereses partidarios, acompañadas de acusaciones de ineficiencia, falta de transparencia o uso indebido de recursos, generalmente construidas a partir de simplificaciones, generalizaciones o directamente información falsa. Además, posicionados desde el paradigma académico-academicista-desarrollista se sacan cuentas extravagantes sobre el costo de la educación superior en relación a sus (mejorables) tasas de egreso, desconociendo las múltiples funciones que cumplen las Universidades y la idea de que, aun cuando no se culmine con la graduación, el paso por la Universidad no es tiempo perdido. Estos ataques (que apelan frecuentemente a todo tipo de falacias, datos engañosos o lisa y llanamente mentiras) no se limitan al aparato de propaganda paraestatal sino que son enunciados directamente por los líderes de ultraderecha y funcionarixs públicos.
Hemos trabajado mucho tiempo con la certeza de que lo verdaderamente significativo ocurría en el territorio de la presencialidad, en el encuentro cara a cara, subestimando las redes sociales y las interacciones digitales, relegándolas a un lugar accesorio, secundario o “menos real”. Pero hoy empezamos a dudar. ¿Cuánto de la vida transcurre en la tecnósfera? ¿Qué peso tiene en la producción de vínculos, discursos y emociones? Tal vez ya no podamos seguir pensando lo comunitario sin incluir lo que acontece en esos espacios digitales que, lejos de ser ajenos, se han vuelto parte central —y muchas veces decisiva— de las experiencias, los conflictos y los sentidos que atraviesan nuestras comunidades.
En el artículo mencionado se instalaba una pregunta de sumo interés: “¿Cómo se llega a que importantes sectores de nuestra sociedad consideren verosímil una ficción malintencionada completamente incongruente con nuestra identidad nacional y con evidencia empírica cotidiana y fácilmente contrastable?” (Issel, 2024, p 36).
La respuesta esbozada invitaba a prestar especial atención a la intensa relación con dispositivos digitales con conectividad, en la que nuestro mundo se está sumergiendo aceleradamente.
A través de ellos las corporaciones más ricas y poderosas del mundo están desarrollando y perfeccionando permanentemente herramientas que “hackean” nuestras emociones y vulnerabilidades psicológicas con el fin de monetizarlas. Esta maquinaria omnipresente está diseñada para mantenernos al mismo tiempo fascinados e insatisfechos, en un estado de incertidumbre y ansiedad permanente y se ha convertido en una colosal oportunidad para el advenimiento de fenómenos políticos irracionales y autoritarios que hoy representan una amenaza para las conquistas democráticas en todo el mundo (Issel, 2024, p. 36).
Diego Sztulwark (2019) define lo neoliberal como:
La dinámica de reestructuración de las relaciones sociales capitalistas que, a partir de los años 70, otorgó aún más poder al capital sobre el trabajo, al punto de incluir a la vida entera en la esfera de su valorización. Pero neoliberal también es el proyecto político que aspira a alinear la vida bajo la forma de empresa como la unidad más alta y digna de la acción colectiva” (Sztulwark, 2019, p. 45).
El triunfo del neoliberalismo supone el bloqueo de la relación abierta entre creación de formas de vida (definidas como aquellas que cuestionan automatismos y linealidades) y vida en común. Y sostiene que unas de las piezas centrales del dominio neoliberal son las técnicas de gestión de la sensibilidad que moldean los modos de vida en torno a los procesos de valorización del capital. El alcance de esta técnica en la era digital es casi absoluto.
En este sentido, la práctica extensionista debería jugar toda su potencia intentando capturar las fuerzas que permitan ampliar la capacidad de circulación y apropiación de recursos sociales, independientemente de la materialidad de los territorios (digitales o no), para despertar la capacidad de construcción de nuevas formas de vida, entendidas como “toda deriva existencial en la cual los automatismos hayan sido cortocircuitados” (Sztulwark; 2019, pp. 38), lo que supone, necesariamente, procesos de autonomía. Intervenir en la revalorización colectiva de conceptos, teorías, hipótesis científicas puestas a pruebas, conceptualizar experiencias, parecen ser operaciones necesarias para organizar un saber central que permita construir significaciones comunes, de las cuales luego deriven divergencia, diversidad, saberes situados, pero a la vez, y quizás lo más importante, compartidos.
El desafío:
Bifo Berardi, en su libro La segunda venida (2021), entra en tensión con lo planteado anteriormente. Parte del relato de la victoria de Trump y el triunfo del racionalismo en el mundo entero, que ha sido explicado, sobre todo por los viejos modos de comunicación impresos, como efectos de una manipulación gigantesca de la opinión pública por parte de agencias tecno - globales, con el fin de restaurar el imperio de la democracia. Sin embargo, para este autor, las redes sociales y los medios inmersivos conectivos han “obliterado definitivamente la posibilidad misma del entendimiento crítico y la decisión política” (Berardi, 2021, p. 103) porque la naturaleza misma de la técnica de las formas de interacción conectiva generan los procesos de automatización cognitiva, y no las malas intenciones políticas.
“La dimensión en la que el poder político puede actuar (el territorio nacional, el entendimiento racional y crítico) no coincide con la dimensión de la inmersión conectiva, que es desterritorializada y está sustraída a la voluntad política y a la razón crítica” (Berardi, 2021, p. 103).
Si bien no niega que nuestra privacidad es asediada y nuestra información vendida a corporaciones, agencias de publicidad y consultora políticas, entiende que la mayoría de las personas considera que “la acumulación de información sobre nuestras preferencias, actividades y estilos de vida ha creado las condiciones para la automatización de todo” (p.105).
El problema político que plantea el autor es el siguiente: “¿cómo puede la inteligencia viva desenmarañarse del algoritmo y, eventualmente, reprogramar el algoritmo mismo?” (p. 109). Ni las derechas fuera de los gobiernos y de los Estados, ni las regulaciones legislativas pondrían coto a este proceso que ya ha producido transformaciones subjetivas sobre las que es muy complejo intervenir.
Y mientras todo esto ocurre, en las universidades: ¿enseñamos igual, investigamos igual y hacemos extensión igual? ¿como si las formas de aprender, como si las formas de producir, como si las formas de habitar los territorios y los territorios mismos se hubiesen mantenido idénticos a sí mismos, a pesar de esta inmensa mutación socio - tecnológica? ¿Y lxs extensionistas nos preguntamos por la tecnósfera y su incidencia en la autonomía y asociatividad de los pueblos? ¿Sobre la vigencia y posibilidad de los objetivos que nuestra praxis se propone?
Si bien cualquier respuesta taxativa frente a las vertiginosas transformaciones tecnológicas, subjetivas y sociales que estamos atravesando corre el riesgo de ser prematura, hay algo que sí podemos afirmar con certeza: seguir haciendo todo igual no parece una opción sensata. Actuar como si nada hubiera cambiado parece más una negación desesperada frente a un escenario que nos desborda que una estrategia viable.
En este punto, es importante retomar a Tommasino y Barreras (2022) quienes plantean lo importante de incorporar las tecnologías de la comunicación y la información desde un pensamiento crítico, alternativo y popular, en constante diálogo con la realidad. Sostienen que, desde la extensión crítica es posible proponer una relación integral con la tecnología, capaz de promover el diálogo de saberes en territorio. Esta relación debe conducirnos a repensar las coordenadas de la extensión por un camino que probablemente implique una redefinición de lo que denominamos territorio y orientar la praxis extensionista a “transformar el proceso actual para que sea la voz de los actores la que domine el escenario” (Tommasino y Barreras, 2022, p.33) y no el algoritmo que persigue la maximización salvaje y acelerada de la acumulación del capital mientras configura los territorios digitales que habitan las personas para el cumplimiento de dicho objetivo.
La ciencia y la tecnología no son neutrales, y si solo se construyen a partir de una sola voz, perspectiva o ideología, sin la participación de la mayorías, solo seguirán dándole al poder medios que vuelvan más eficientes sus mecanismos de control y opresión. La práctica extensionista debe jugar toda su potencia también es estos espacios, intentando capturar las fuerzas que permitan ampliar la capacidad de circulación y apropiación de recursos sociales para incidir en los procesos de autonomías y emancipación, en este momento de la historia, donde quizás los automatismos tienen a los pueblos más capturados que nunca. La extensión crítica debe poner su pensamiento y acción al servicio de la democracia, peligrosamente amenaza, despertando la capacidad de construcción de nuevas formas de vida, entendidas como “toda deriva existencial en la cual los automatismos hayan sido cortocircuitados” (Sztulwark; 2019, pp. 38).
Conclusiones
No es objetivo del presente trabajo demonizar las nuevas tecnologías, ni el impacto positivo que las mismas puedan tener. Sí enunciar el peligro que presentan o bien su negación, o su uso acrítico, lo que impide promover su incorporación como herramientas que mejoren la calidad de la vida de las personas, capaces de contribuir a la construcción de un mundo más justo.
Si algo nos enseña la historia es que no retrocede, y por eso resulta estéril intentar el retorno a un pasado idealizado que, en rigor, nunca existió. Tampoco parece sensato abrazar posturas extremas, ni apocalípticas, ni integradas, frente al desconcertante potencial de las tecnologías emergentes. Lo verdaderamente urgente es advertir sobre los riesgos tanto de la subestimación de su impacto como de su uso acrítico e irresponsable. Esto vale también para la práctica extensionista.
La extensión deberá encontrar su lugar en la impostergable tarea de democratizar las decisiones vinculadas al rumbo del desarrollo tecnológico en virtud de proteger y/o recuperar la autonomía de los pueblos. Pocas cosas resultan hoy tan decisivas para nuestro porvenir como esa disputa.
Referencias
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Tommasino, H.; Barreras, L. (2022): Extensión crítica e integralidad en tiempos de pandemia: sus aportes para una Universidad Latinoamericana en la encrucijada. En: Extensión crítica en tiempos de pandemia : la coyuntura de los movimientos sociales ante la emergencia / Humberto Tommasino ... [et al.] ; compilación de Humberto Tommasino ... [et al.]. - 1a ed. - Rosario : Humanidades y Artes Ediciones - H. y A. Ediciones, 2022. Libro digital, PDF.
Sztulwark, D. (2019). “La ofensiva sensible. Neoliberalismo, populismo y el reverso de lo político”. 1a edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires; Caja Negra.
Biografía de autore/as:
Julieta Filippi Villar. Licenciada en Psicología. Profesora Adjunta de la Asignatura Grupos de Reflexión para el Aprendizaje de la Psicología de la UNMdP. Feminista, investigadora y extensionista. Actualmente Vicedecana con funciones en Secretaría Académica y ex Secretaria de Extensión.
Juan Pablo Issel. Licenciado en Psicología. Profesor Adjunto de la Asignatura Epistemología General, investigador y extensionista de la Facultad de Psicología de la UNMdP. Actualmente Decano de la Facultad de Psicología y ex Secretario de Extensión de la Universidad Nacional de Mar del Plata.