El Seminario Martiano: promoción de la vida y la obra del apóstol

The Martian seminary; promotion of the life and work of the apostle

Autores: David Hernández Duany. Universidad de La Habana. Cuba

Para citación de este artículo: Hernández Duany, D., (2022). El semanario Martiano: Promoción de la vida y la obra del apóstol. En Revista Masquedós N° 8, Año 7. Secretaría de Extensión UNICEN. Tandil, Argentina.

Recepción: 09/05/2022 Aceptación final: 11/07/2022

Resumen

El proceso extensionista tiene el propósito de promover cultura en su más amplia acepción; dentro de ella, la promoción de la historia juega un rol fundamental en su accionar. La Universidad de La Habana promueve la vida y obra del apóstol, a partir de la continuidad de lo que inicialmente se creó por Gonzalo de Quesada como Seminario Martiano; es por ello que el objetivo del presente trabajo es socializar la labor educativa desarrollada por el Seminario, como actividad extensionista de la casa de altos estudios. A partir de la utilización de métodos teóricos y empíricos, se exponen las acciones realizadas para la difusión de los cursos, el contenido de las clases, detalles de las matrículas, sectores de donde provenían quienes se inscribieron y el resumen de algunos indicadores que ilustran la valía de los cursos libres impartidos. Se exhibe el quehacer desarrollado por la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana, núcleo de anteriores estudiantes del seminario y el traslado de los cursos hacia el museo Fragua Martiana. En los años en que estas lecciones martianas se impartieron en esa pinacoteca, continuaron insertadas a la estrategia extensionista de la primera universidad fundada en el país.

Palabras clave: enseñanzas martianas - seminario martiano - cátedra martiana.

Abstract

The extension process has the purpose of promoting culture in its broadest sense, within it, the promotion of history plays a fundamental role in its actions. The University of Havana promotes the life and work of the apostle, based on the continuity of what was initially created by Gonzalo de Quesada as the Martian Seminary, that is why the objective of this work is to socialize the educational work developed by the Seminary Martiano of the University of Havana, as an extension activity of the house of higher studies. Based on the use of theoretical and empirical methods, the actions carried out for the dissemination of the courses, the content of the classes, details of the enrollments, sectors where those who enrolled came from and the summary of some indicators that illustrate the worth of free courses taught. The work carried out by the Association of Former Students of the Martiano Seminary of the University of Havana, nucleus of previous students of the Seminary and the transfer of the courses to the Fragua Martiana museum is exhibited. In the years in which these Marti lessons were given in that Pinacoteca, they continued to be part of the extension strategy of the high school.

Keywords: Marti teachings - Marti seminary - Marti chair.

Introducción

Entre las vertientes del trabajo extensionista dentro y fuera de la Universidad de La Habana, como uno de los procesos sustantivos que se desarrollan en las academias está la labor dirigida a la formación de valores patrióticos, morales, internacionalistas, antiimperialistas y revolucionarios en las nuevas generaciones de estudiantes y en el pueblo en general. En la obra del héroe nacional de la República de Cuba, José Martí Pérez, como en la de ningún otro cubano, se sintetizan esos ideales; por esta razón la introducción del estudio de su obra se convirtió para un grupo de maestros, profesores y fervorosos martianos en una necesidad imperiosa.

La labor educativa en torno a la figura de Martí no hubiese sido posible materializarla sin la recopilación de sus escritos, tarea cumplida por un grupo de patriotas, familiares y fervorosos martianos desde los primeros años del pasado siglo. Materializar el empeño requirió emprender una meticulosa labor, rescatar sus discursos, escritos, cartas, fotos, objetos personales y lugares o sitios vinculados con episodios de su vida y evitar que estos pudieran extraviarse, destruirse con el paso del tiempo o tomar un camino ajeno a los intereses del país.

El secretario del Partido Revolucionario Cubano, Gonzalo de Quesada y Aróstegui, fue merecedor de las más altas consideraciones de parte de Martí y de sus más allegados colaboradores, realizó una labor loable en la recopilación de las cartas, discursos, versos, escritos y otros materiales. El discípulo martiano conservó la papelería y realizó el ordenamiento de sus obras, como le indicara expresamente el héroe nacional, tarea que se convirtió en una misión patriótica a la que consagró todas sus energías y talento1.

Baste señalar que, entre la caída en combate de Martí y el fallecimiento del discípulo predilecto, transcurrieron veinte años, período en el que logró ordenar y publicar los primeros 14 tomos de su obra; lamentablemente la tarea fue interrumpida por su prematuro deceso en el año 1915, teniendo listo para editar el número XV. Su hijo, Gonzalo de Quesada y Miranda, se convirtió en continuador de esa labor, revisando minuciosamente los manuscritos martianos que custodiaba y publicándolos con respeto del lenguaje de Martí; así se dotó a maestros, profesores, investigadores martianos y al pueblo en general, de valiosos materiales para educar y conocer la obra del ilustre cubano.

Con estas ediciones de las Obras Completas, el pueblo pudo estudiar el ideario del organizador de la guerra del 95, personalidad que ya se reconocía como uno de los más destacados intelectuales cubanos y héroes de la independencia.

Los maestros comenzaron a reclamar la inclusión de los estudios martianos en los programas escolares; y la realidad impulsó a las autoridades gubernamentales a iniciar la instrumentación de acciones encaminadas al establecimiento de una política educativa en torno al estudio de la figura del organizador de la guerra del 95.

El cuatro de marzo de 1913, el superintendente provincial de Escuelas de La Habana solicitaba permiso a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, editor de La Edad de Oro, volumen V, 19052, para conformar con estas revistas un libro de lectura destinado a niños de tercer y cuarto grados.

El interés solo quedaba en el deseo, pero La Edad de Oro sería editada nuevamente ocho años más tarde en Costa Rica y diecinueve años después en Cuba, por el doctor Emilio Roig3. A pesar de los intentos de educar a las nuevas generaciones de acuerdo a los intereses del vecino del Norte, prevaleció en medio de esta compleja situación la pujanza del magisterio cubano por resaltar la figura de quien ya identificaban como el apóstol de la independencia nacional.

En los años siguientes se manifestó un creciente amor y reconocimiento social hacia la figura de José Martí, por toda la sociedad cubana; su obra comenzaba a ser divulgada con mayor efectividad y retratos suyos, junto al de otras reconocidas personalidades, aparecieron en escuelas y entidades estatales, como paradigmas del pueblo.

Los maestros en la misma medida que descubrían el arsenal patriótico, ético, educativo y revolucionario contenido en la obra martiana, asumieron el reto de transmitir a sus educandos las más nobles ideas de Martí y cultivar en ellos el amor a la patria. Es así como un grupo de pedagogos, con el maestro mexicano-cubano Juan Pérez Abreu al frente, creó las primeras agrupaciones de niños organizadas para el estudio de la obra martiana, denominadas grupos infantiles José Martí, surgidas en el poblado de Remedios, provincia de Villa Clara, en el año 19294. El destacado promotor, doctorado en la Universidad de La Habana, contó con la colaboración de varios colegas.

El proyecto se instrumentó en las aulas de la enseñanza primaria elemental, donde se agrupó a niños para estudiar el pensamiento martiano, constituyendo un antecedente directo de las labores del Seminario y de la Asociación, con los infantes y jóvenes. Para el logro de los objetivos, los educadores martianos de Remedios invitaron a colaborar al Dr. Quesada, convirtiéndose en un activo partícipe, brindando su apoyo con textos y otros materiales; el conocimiento y participación en la experiencia constituyó inspiración y ofreció argumentos al destacado martiano para concebir los proyectos educativos que realizó posteriormente con esas edades.

La agresividad de los enemigos de Cuba, sus esfuerzos por destruir la identidad nacional, la cultura e intentar socavar el respaldo consciente de las nuevas generaciones a la revolución cubana, impuso como antídoto la imperiosa necesidad de perfeccionar el trabajo con la historia y con la educación martiana, en aras de transmitir a los estudiantes universitarios el conocimiento de su vida, obra y pensamiento.

Teniendo en cuenta esas consideraciones se elaboró el artículo con el objetivo de realizar un acercamiento a la enseñanza del legado del apóstol, en la Universidad de La Habana, con todo el rigor que impone el tratamiento a un tema vinculado con la vida y la obra de José Martí y en especial con la historia de la educación martiana, insertada en la labor extensionista, formadora de valores patrióticos en las nuevas generaciones que ha realizado por muchos años el centro de estudios. Para materializar esta aproximación fue posible contar con la valiosa documentación que archiva el museo Fragua Martiana, Monumento Nacional de la República de Cuba, sede de la secretaría del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana y de la Asociación de Antiguos Alumnos, desde su fundación el 28 de enero de 1952, traspasada oficialmente en el año 1962 al alto centro de estudios.

La preservación en la biblioteca del recinto de la bibliografía del Dr. Gonzalo de Quesada y Miranda y de los registros de la Asociación en sus archivos, permitió recopilar los datos necesarios para conformar la publicación.

Transcurridos 63 años del triunfo de la revolución, la formación de un profesional altamente calificado, comprometido con su patria y con las ideas del socialismo, se convierte no solo en una tarea de primer orden, sino en una batalla decisiva para salvaguardar la libertad, la soberanía y la propia existencia de la identidad nacional.

Redoblar la labor extensionista e impedir la refinada penetración ideológica que tiene como blanco predilecto a la juventud cubana y en especial el estudiantado universitario, constituyen un objetivo primordial de trabajo, conscientes de que se enfrenta a un enemigo que intenta desviar a los jóvenes del ideal patriótico y revolucionario conquistado combatiendo por generaciones de cubanos y así cercenar el futuro luminoso de la patria.

En el empeño de contrarrestar sus intenciones y efectos devastadores, se impone encontrar vías y métodos más efectivos en esta labor y aprovechar al máximo el arsenal histórico que guarda en su seno la casi tricentenaria institución estudiantil.

La experiencia de trabajo del Seminario constituyó una de las más sostenidas y reconocidas en torno a la enseñanza de la obra del héroe nacional en Cuba, pero no se ha realizado ninguna investigación integral, ni tesis doctoral que permita a estudiantes, maestros, profesores e investigadores, contar con una fuente de documentación reconocida y editada que recoja la rica historia atesorada por la Universidad, en la formación de estudiantes, maestros de escuelas de la ciudad y profesores, lo que constituye un problema científico.

El objetivo central de la investigación realizada, que aparece sintetizado en este trabajo es demostrar cómo en el período comprendido entre 1941 y 1976 se iniciaron y sistematizaron los ciclos de conferencias del Seminario Martiano en la Universidad de La Habana, labor extensionista que fue asesorada desde sus comienzos por la Comisión de Extensión Cultural de la Facultad de Filosofía y Letras, hasta su oficialización en 1946 como curso de la mencionada comisión y de la Comisión de Extensión Cultural de la universidad, en el año 1949.

Este artículo, en términos prácticos, constituyó un acercamiento importante a una fuente de información que proporcionará al historiador, al museólogo o cualquier otro especialista del tema, encontrar una vía adecuada para adquirir e impartir conocimientos sobre la historia de la educación martiana en la universidad, el papel de Quesada y de la institución que hizo posible la transmisión de convicciones martianas, patrióticas y revolucionarias.

Desarrollo

Los ciclos de conferencias del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana se inauguraron el 17 de noviembre de 1941; las sesiones eran impartidas por Gonzalo de Quesada y Miranda , hijo de Gonzalo de Quesada y Aróstegui6, albacea literario de José Martí Pérez y héroe nacional de la República de Cuba.

Al instaurarse el Seminario, el hijo del discípulo predilecto de José Martí ocupó el cargo de director y formaba parte de la plantilla de trabajadores de la Facultad de Filosofía y Letras, desempeñándose como responsable de Estudios Martianos, desde el año 1925, según consta en su expediente laboral7. La cercanía profesional a la dirección de la Facultad y a las máximas autoridades universitarias y el prestigio obtenido por su obra, le permitieron proponer al Dr. Agramonte, decano de la Facultad y al rector Péñate los inicios de estas clases martianas en la institución. En los medios de prensa aparecieron plasmadas las incidencias del acto inaugural y de la clausura de estas sesiones5.

La apertura del primer curso Elemental o de Introducción8, celebrada en el aula magna de la Universidad de La Habana, fue presidida por el rector, Dr. Rodolfo Méndez Peñate y las palabras centrales de la velada estuvieron a cargo del Dr. Roberto Agramonte. El destacado académico transmitió la importancia de estudiar la obra martiana en la institución, luego procedió a presentar al profesor que ofrecería las sesiones del curso, a quien destacó como uno de los más reconocidos investigadores de la labor martiana, heredero del valioso archivo de su padre, que le correspondió custodiar al producirse su imprevista muerte. Estaba conformada la valiosa y voluminosa colección de objetos martianos por una compilación completa del periódico Patria, fotos, el chal bufanda de Antonio Maceo, el cable enviado por Juan Gualberto Gómez a Martí, confirmando el levantamiento del 24 de febrero, la bandera de la República de Cuba, que ondeó en Europa en el año 1900, la almohadilla de olor, regalada a José Martí por la guatemalteca María García Granados, y el Manifiesto de Montecristi, entre otras piezas.

El profesor expuso el día inaugural las cualidades principales de Martí, como revolucionario, poeta y periodista en México, abordó aspectos de la obra de su progenitor, explicó elementos relacionados a su prematura muerte y transmitió el compromiso latente con su continuación. Culminó el primer contacto con los inscriptos en este curso libre convocándolos para el lunes siguiente, a las cinco de la tarde, en el aula número 3 del edificio Enrique José Varona, sede de la Facultad de Pedagogía.

El programa previsto para la primera edición incluyó los siguientes temas: Aspectos biográficos de la vida de Martí. Labor y pensamiento revolucionario de José Martí. Visión americanista de Martí. Enfoque martiano de los problemas cubanos. Aspectos filosóficos de Martí. La poesía de Martí. Martí y el amor. La niña de Guatemala.

Para el logro de sus objetivos docentes, enseñó a sus educandos a adquirir conocimientos en contacto directo con valiosos objetos museables, puso mucho énfasis en el hecho de que los alumnos matriculados y oyentes, muchos docentes, asimilaran los conocimientos para que supieran instruir a sus alumnos.

Al escuchar a Quesada, sus discípulos se extasiaban de interés apreciando las explicaciones que compartía el pedagogo sobre los objetos colocados en mesas dispuestas en el local; esas piezas solo habían estado expuestas anteriormente en el Museo Nacional José Martí9.

Por otra parte, en las clases promovían el análisis de trascendentales documentos del apóstol, como fueron: Vindicación de Cuba, Nuestra América, El manifiesto de Montecristi, las bases y estatutos secretos del Partido Revolucionario Cubano, así como la ética martiana, presente tanto en su vida pública como privada. El estímulo a la investigación constituyó una prioridad, primó el debate de experiencias adquiridas fruto de la lectura de los materiales orientados; fueron indicados a los educandos trabajos investigativos y la evaluación final consistió en un examen que se calificaba a razón de 100 puntos.

Fue convocado un concurso abierto para todos los interesados, en el que los mejores trabajos resultaban premiados, y en el que se pudo apreciar que los alumnos, en la mayoría de los casos, narraron en sus composiciones anécdotas sobre la vida del maestro.

Aunque no se llevaban los registros de asistencia, como tampoco sucedió en la segunda edición, se pudo corroborar la inscripción de 16 estudiantes, promoviendo un total de10 alumnos10.

La clausura del curso se realizó el 13 de marzo de 1942 en el aula magna; integraron el auditorio los matriculados, oyentes del curso, concursantes, aunque no estuvieran inscriptos en las sesiones y profesores de la Facultad a cargo de la organización del curso.

Los premios correspondieron a: Guillermo Ochoa Penín, Roberto Goidarás, Pedro Méndez Díaz, Margarita Vega y Aníbal Díaz. Por su originalidad fue reconocido el ensayo elaborado por Dolores Rodríguez Ortega y los galardonados recibieron un libro de la autoría de su profesor como estímulo.

Designado el director del Seminario, por la dirección universitaria, para pronunciar las palabras concluyentes de la primera graduación del curso, patentizó su agradecimiento a los que tuvieron responsabilidad con el éxito de la actividad pedagógica y en especial a los estudiantes que cumplimentaron el programa. Cerraba así ese día memorable en la reconocida casa de altos estudios la primera sesión de los cursos.

A los discípulos les fueron entregados diplomas oficiales firmados por la dirección de la Universidad de La Habana y los elaborados por el profesor con las notas del examen. El momento cultural contó con la presencia de la reconocida recitadora cubana Nena Acevedo, exquisita intérprete de los versos del maestro, quien recitó Yugo y Estrella, La bailarina española, La niña de Guatemala11, Por tus ojos azules, Te busqué por pueblos y el poema inédito Rosa Cruz.

Al analizar el contenido de los programas de estudio del Seminario es apreciable la poca profundidad en el tratamiento del pensamiento radicalmente revolucionario y antiimperialista del maestro. Las enseñanzas del doctor Quesada, a pesar de despertar avidez e interés entre los estudiantes, pueden considerarse dentro de los marcos positivistas en la historiografía cubana de la época.

Para los estudiantes el curso caló muy hondo y algunos de ellos promovieron entre sus compañeros la recogida de firmas, solicitando al rector la organización de un curso formal en el verano, que se impartiera con la ayuda de textos, exámenes parciales, finales y fueran otorgados por el profesor, notas finales a los alistados.

La sugerencia de los educandos no se materializó en el período de receso veraniego, aunque fue catalogada como trascendente, cívica, cultural y muy patriótica.

El segundo curso Introductorio comenzó en noviembre de 1942 y concluyó en 1943; asistieron a la inauguración las autoridades universitarias, destacadas personalidades, estudiosos y promotores de la vida y obra del apóstol. La matrícula ascendió a 21 estudiantes, 12 de ellos cumplieron el programa y los ejercicios evaluativos convocados.

En los siguientes tres cursos académicos se produjo un notable crecimiento en el número de suscritos y graduados. En el correspondiente a 1944-1945, con 97 estudiantes matriculados y 61 promovidos, se alcanzó la cifra más alta de inscriptos y titulados entre todos los desarrollados antes del triunfo de la revolución.

Esta labor de educación martiana estaba siendo efectiva, en el año 1944, por eso un nuevo curso se creó para los graduados del Introductorio. El curso Superior fue estructurado en tres amplios sectores que abarcaron lo más medular e importante de la obra de Martí, ofreciendo la oportunidad de ahondar en la cantera inagotable de la existencia del prócer cubano, en su mensaje cívico y humano para Cuba y América.

Las sesiones analizaron detenidamente las ideas políticas, sociales, filosóficas, religiosas, educativas y la producción literaria de Martí. Los estudiantes realizaron trabajos escritos y orales; se promovieron debates sobre los puntos fundamentales del pensamiento martiano, publicándose en las memorias del Seminario los trabajos premiados en los concursos. Las clases del curso Superior se completaron con la exhibición y estudio de un amplio material de fotografías, reliquias, documentos y manuscritos de Martí, pertenecientes al archivo que legó el apóstol, a su fiel secretario y discípulo, el patriota Gonzalo de Quesada y Aróstegui.

Tal y como puede apreciarse, el Seminario continuó conquistando las más altas consideraciones de las autoridades universitarias, aunque se velaba por que existiera un control del cumplimiento de lo reglamentado en el centro. Así lo demuestra el acuerdo número 9 del Consejo Universitario denegando lo solicitado por la Facultad de Filosofía y Letras, en el sentido de que se autorizara al doctor Gonzalo de Quesada y Miranda para expedir certificaciones relativas a la asistencia y trabajos finales de los alumnos que cursaron el III año del Seminario.

A partir de este curso fue instrumentada la remuneración económica al profesor y director por los ciclos de conferencias, que fue independiente del salario que devengaba por el cargo que ocupaba en Filosofía y Letras12.

Ciertamente, el reconocimiento alcanzado por el Seminario Martiano era palpable, por tales motivos el 11 de octubre de 1946 obtuvo la condición de curso oficial de la Comisión de Extensión Cultural de la Facultad de Filosofía y Letras, estableciéndose un primer reglamento que precisó su periodicidad anual, subdividido en un curso Elemental o Introductorio y otro Superior, así como la edad mínima de 17 años para solicitar matrícula de ingreso en el Introductorio. De esta manera, se cumplía así una aspiración del director.

Tres años más tarde el Consejo Universitario aprobaba en su sesión ordinaria desarrollada el 25 de abril de 1949, mediante el acuerdo N° 28, una nueva instrucción, presentada por el doctor Elías Entralgo, decano de la Facultad de Filosofía y Letras, que adscribía el Seminario a la Comisión de Extensión Cultural Universitaria, para que esta atendiera su organización y funcionamiento.

A partir del curso 1949-1950, comenzaron a expedirse certificados de calificación y asistencia a los alumnos del Seminario de acuerdo a su Reglamento (Artículos 6 y 7) aprobado por el Consejo Universitario, en sus sesiones de los días 25 de abril y 7 de octubre de 1949 (Acuerdo 28 registrado en el Boletín Universitario. Año XVI. N° 12. Tomo XVI. Página 516, octubre 7 de 1949).

Para garantizar mayor preparación en los educadores fue perenne la insistencia de Quesada para que los maestros no faltaran a los cursos martianos. Al observarse tan valiosa obra por las autoridades del Ministerio de Educación y del país, fue decretado presidencialmente adicionar a la base primera de Méritos del Reglamento General de Instrucción Primaria la obtención de dos y tres puntos al escalafón de los maestros, a aquellos que aprobaran los cursos Elemental y Superior13.

En el terreno de la formación martiana, otras áreas de la universidad organizaron programas de preparación para sus profesores y estudiantes. En el año 1952, la Facultad de Educación inauguró en el Anfiteatro Varona un curso sobre Martí, organizado por la profesora Ana Echegoyen, de la Cátedra B. Metodología Pedagógica, en el que se desempeñó como instructor el Dr. Aníbal T. Díaz, en representación de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano.

El decano, Dr. José M. Gutiérrez, pronunció un hermoso discurso destacando la importancia de los maestros en la formación del niño y de la patria y transmitió su admiración por los cursos martianos que se venían impartiendo en el centro. Las conferencias ofrecidas se titularon: Las cartas de Martí. La amistad, el amor y la fraternidad humana en Martí. Martí y los niños, las mujeres y los ancianos. Cómo vio Martí a los grandes hombres. Sus singulares semblanzas. El pensamiento político y revolucionario de Martí. Su república cívica martiana. Magisterio de Martí. Su filosofía de la educación. Su didáctica.

Sobre el funcionamiento del curso estuvo al tanto el asesor martiano de la Universidad de La Habana, quien cooperó en la consecución del objetivo y compartió sus consideraciones en el acto inaugural.

El actuar de esta Facultad constituyó expresión de la proliferación de la intención de enseñar a Martí. Pero no solo en la academia crecía esta voluntad, ya que comenzaron a organizarse cursos martianos en diferentes centros estudiantiles de La Habana, en los que sus alentadores fueron antiguos alumnos del Seminario. La Escuela Normal de La Habana y el Pre-Universitario del Vedado impartieron actividades de capacitación martiana para sus maestros y contaron con el apoyo incondicional y presencia activa del director del Seminario, quien no escatimó esfuerzo para incentivar y apoyar con su asistencia en ambos actos inaugurales y de clausura.

Al analizarse la documentación del Seminario, hasta 195614 fueron obtenidos los siguientes elementos: La composición por sexos en los cursos comprendidos entre 1941 y 1959 presenta poco más de un 85% de mujeres y eran estudiantes universitarias, maestras de escuelas, bibliotecarias y graduadas de la universidad.

La matrícula en los primeros once cursos elementales ascendió a 602 alumnos, mientras que en los ocho cursos superiores (iniciaron a partir de 1944) la cifra de registrados alcanzó los 204 estudiantes. En el período 1953-1958, estos guarismos disminuyeron ya que se realizaron solamente cuatro cursos con una matrícula de 181 alumnos en los introductorios y 97 en los cursos superiores.

La Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana

Al cierre de la tercera edición de los cursos del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana, un grupo de alumnos graduados, con estrechos vínculos a la actividad dirigida por el hijo de Quesada Aróstegui, propuso buscar nuevas maneras para que los alumnos y ex alumnos le rindieran culto al maestro. Las doctoras Luisa Alejandra López y Carmen Cruz plantearon la idea de fundar la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano, entidad consagrada a promover el conocimiento de la vida y la obra del apóstol, dedicada a proyectar actividades con el más elevado espíritu martiano y cubano en beneficio de la patria y de la humanidad e inspirados exclusivamente en las doctrinas del maestro.

Correspondería a la secretaría de la Administración Provincial de La Habana, la aprobación de la proyectada asociación; conformada la propuesta fue entregada para la evaluación por dicha estructura de dirección y, el 22 de junio de 1944, el secretario de dicha administración comunicó oficialmente a la doctora Dolores Rodríguez Ortega, ex alumna del Seminario, la anuencia dada por el Negociado de Asociaciones. Luego de examinar el proyecto de reglamento presentado el día 15 del citado mes a esa instancia administrativa quedaba constituida la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano (AAASM).

El acto inaugural de la AAASM se efectuó el 3 de julio de 1944, en el aula 2 del edificio Enrique José Varona de la Universidad de La Habana15. Fue reglamentada la realización de elecciones anuales para conformar la junta directiva. Presidió la primera dirección, la Dra. Dolores Rodríguez Ortega y como vicepresidentes Luisa Alejandra López, Aníbal T. Díaz y Carmen Cruz. Uno de los primeros acuerdos tomados fue elegir al doctor Gonzalo de Quesada y Miranda como Presidente de Honor, asumiendo las funciones de asesor.

De este modo, la Asociación constituyó un genuino apoyo al funcionamiento del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana y los cursos martianos que anualmente impartió la institución fueron fuente directa para la captación de nuevos miembros para la recién fundada entidad.

El 15 de agosto de 1945 salió a la luz el primer número del Boletín Oficial de la Asociación. La publicación con tiradas mensuales mantuvo una edición limitada dirigida especialmente a los socios, a quienes mostraron interés con una suscripción y a personas que sostenían estrechas relaciones con los asociados. Con este nombre y formato permaneció hasta el mes de enero de 1947, cuando la entidad decide cambiarle su nombre por Patria, aumentar el número de páginas e incorporarle mayor cantidad de artículos de carácter histórico.

Teniendo en cuenta el éxito alcanzado en el cumplimiento de los objetivos trazados hasta el momento, el directivo del Seminario y asesor de la Asociación comenzó a transmitir públicamente el deseo de poder contar con una sede permanente, aspiración ya manifestada en sus entrevistas y conferencias. Emprendió así un largo andar que requirió años de esfuerzos y dedicación.

La Asociación se empeñó en llevar los estudios martianos a la enseñanza primaria y secundaria. Desde el 17 de enero de 1940, a petición de la Junta de Educación de Remedios, el Ministerio de Educación había dictado la Resolución N° 0132471, en la que autorizaba la creación de los grupos infantiles José Martí en todas las escuelas del país. A partir de 1944 empezaron a fundarse a solicitud de los propios niños que se incorporaban a la enseñanza primaria superior, los grupos juveniles martianos, los que comenzaron a ser asesorados y atendidos directamente por asociados designados.

Al ser constituidos estos grupos en las escuelas se les asignaban un número para identificarlos y les entregaban copia de la partitura y letra del himno oficial (Ofrenda a Martí) con letra y música de Sinesio Villanueva de la Quintana, que identificaba a todas estas agrupaciones infantiles. La fundación de los clubes infantiles y juveniles, o la incorporación de nuevos miembros, constituía una solemne ceremonia: era organizado por la escuela un acto patriótico con esos fines, en el que los niños prestaban juramento ante el resto de sus compañeros asumiendo el compromiso moral de cumplir los postulados del maestro y trabajar toda la vida para el bienestar del país con decoro y dignidad martianos. Con las siglas GIM o GJM, encerradas en círculo, elaboraban un gallardete que junto al del colegio debía presidir todas sus actividades.

Eran desarrollados encuentros semanales. En ellos los niños estudiaban el pensamiento martiano, realizaban actividades culturales, participaban en actos políticos de las localidades y concretaban acciones de caridad con las familias más humildes. Todo esto era llevado a cabo por una asociación que, aunque contaba con locales sociales16, concebía todas esas actividades extensionistas con la participación de profesores, alumnos y ex alumnos del Seminario, muchos radicados en la universidad. La experiencia fue extendida a las escuelas de Santiago de Cuba y Victoria de las Tunas, porque se palpó un notable interés de otras provincias por constituir los grupos martianos. La Asociación propuso el 15 de enero de 1946 al Ministerio de Educación que se orientara oficialmente su creación en todas las escuelas de primera enseñanza del país.

La Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano, en atención al esfuerzo desplegado por los educadores que laboraban con los grupos, estipuló les fuera otorgado luego de dos años de buen expediente en esta labor, la condición de socios colaboradores.

El 28 de enero de 1952 se materializó el sueño de Quesada y de la Asociación de contar con una sede, el museo Fragua Martiana, enclavado en el sitio donde se encontraban las antiguas Canteras17. Desde los inicios se trasladó hacia el recinto la sede de la secretaría del Seminario Martiano y de la Asociación de Antiguos Alumnos.

Los cursos del Seminario llevaron sus sesiones de trabajo para el recién inaugurado espacio y continuaron programados y divulgados en la Universidad. Asimismo, fue posible corroborar la matrícula de los estudiantes y graduados de la bicentenaria institución, ya que la inscripción era realizada en el propio edificio del rectorado, concretamente en el Departamento de Intercambio Cultural.

La Fragua Martiana se fundó adscrita al Ministerio de Educación, sin embargo, estaba integrada a la estrategia extensionista del bicentenario centro. A través de la enseñanza martiana, los cursos se convocaban en la Universidad de La Habana y las matrículas se realizaban en el Departamento de Intercambio Cultural, adscrito a la Comisión de Extensión Cultural, enclavado en el edificio del rectorado. De esta manera las autoridades universitarias mantenían un estricto seguimiento, evaluaban los resultados en las sesiones del Consejo Universitario y acompañaban a los participantes en los actos de inauguración, clausura y en muchas de las conferencias impartidas, invitando a muchas de esas actividades a familiares de nuestros próceres, a representantes gubernamentales, de los cuerpos diplomáticos y de organizaciones radicadas en el país.

Los resultados de esta valiosa labor extensionista eran reflejados en las revistas Patria18 y en Vida Universitaria19 y fueron editados en la imprenta de la Universidad de La Habana, en varias publicaciones con la presencia de los trabajos evaluativos más destacados de los cursos y los premiados en los concursos. El profesor Quesada continuó desarrollando un papel preponderante en la formación bajo los preceptos martianos del alto centro de estudios, participando en su condición de asesor martiano y en el establecimiento de la Cátedra Martiana de la Universidad20.

Conclusiones

Hemos podido constatar hasta aquí que el Seminario Martiano de la Universidad de La Habana, fundado el 17 de noviembre de 1941 por el doctor Gonzalo de Quesada y Miranda con el coauspicio de las autoridades universitarias, propició, entre otros factores, el despertar de los estudios martianos en esta academia, en la que Julio Antonio Mella en 1923 fundó la Universidad Popular José Martí.

El trabajo del Seminario constituyó una inestimable labor extensionista que propició la constitución de la Cátedra Martiana de la Universidad de La Habana, el 27 de enero de1950.

Como ha podido apreciarse, la conjugación de un conjunto de factores históricos, políticos, sociales y culturales, que de manera directa o indirecta se proyectaron a partir de la caída en combate de Martí, transformó el amor de los cubanos al apóstol de la independencia nacional en un culto patriótico que ha continuado fortaleciéndose hasta nuestros días.

Se destacan la importancia y el seguimiento que la prensa le brindaba al desarrollo de estos estudios, cuya difusión constante permitió el conocimiento por muchos de los que estudiaron en los cursos y la población en general, del momento exacto en que comenzaban, y otras informaciones requeridas para integrarse a las lecciones que recibieron. Al revisar los recortes de prensa que atesora la Fragua, se pudo constatar la existencia de 134 artículos en los que se hace mención a las actividades del Seminario con un destaque especial a la labor educativa desplegada por el profesor Quesada, expresión de la alta valoración que se tenía de la obra del destacado promotor y educador.

Al triunfo de la revolución cubana el 1 de enero de 1959 continuó la labor educativa martiana del Seminario, los cursos siguieron impartiéndose en la Fragua y la mayoría de los matriculados eran los estudiantes de la universidad que se inscribían en el rectorado. El interés por matricular las conferencias de Quesada experimentó un notable crecimiento, por eso los espacios se hicieron insuficientes para la cantidad de estudiantes que solicitaban matricular.

Se mantuvo un estrecho vínculo con la comunidad a través de la convocatoria de actividades culturales, actos políticos, concursos martianos, conversatorios con destacadas personalidades de la historia y descendientes de destacados próceres cubanos, quienes con locuacidad transmitían las vivencias acumuladas, algunos incluso habían tenido la posibilidad de conocer a José Martí, como Ubaldo Gómez Toro21 o Ernesto Mercado de la Paz22.

En el año 1962 se produce el traspaso oficial de la Fragua Martiana a la Universidad de La Habana. La sostenida labor educativa martiana que desarrollaban el Seminario y Quesada se mantuvo entre las prioridades de trabajo de la institución hasta el año 1976, en que fallece víctima de un lamentable accidente del tránsito.

El quehacer extensionista desarrollado en este museo multifuncional universitario posibilitó la obtención del Premio Nacional de Cultura Comunitaria, máxima distinción otorgada por el Ministerio de Cultura para los centros que han realizado una destacada y pertinente labor en la concepción de actividades científicas, educativas, culturales con una amplia participación de la comunidad. La sistematización de toda esta labor no hubiese sido posible sin el apoyo, atención y asesoría perenne de las máximas autoridades universitarias.

Notas

1. José Martí redactó e hizo llegar a su discípulo predilecto la carta considerada como su testamento literario, en la que orientaba sus ideas para la conservación y difusión del contenido de su papelería.

2. La Edad de Oro, texto principal utilizado por los maestros de Remedios, para desarrollar la labor con los niños de la localidad en el año 1929.

3. Roig de Leuchsenring Emilio (1889-1964), destacado intelectual, escritor e historiador. En 1935 fue designado como Historiador de la Ciudad de La Habana, responsabilidad que ocupó hasta su muerte. Desempeñó toda su labor con abnegación y sacrificio y se convirtió, por sus vastos conocimientos de la vida y la obra del apóstol y su prestigio personal, en el martiano aglutinador de su época. A él se debe en buena medida la organización y los resultados obtenidos de la Sociedad de Estudios Históricos e Internacionales y los congresos nacionales de Historia. Revolucionario y antiimperialista contribuyó decisivamente a la formación patriótica de varias generaciones.

4. El 25 de noviembre de 1929, los fundadores de los grupos infantiles José Martí remitieron al doctor Gonzalo de Quesada y Miranda una misiva informándole de la fundación de las primeras agrupaciones para enseñar a los niños la obra martiana. La comunicación referida se conserva en el archivo de la Fragua Martiana.

5. Gonzalo de Quesada y Miranda (1900–1976). Nacido en Washington, Estados Unidos, mientras su padre cumplía misión diplomática en ese país. Destacado periodista y escritor martiano, continuador de la obra iniciada por su padre con la papelería del apóstol. Culminó la primera edición de 74 tomos de las Obras Completas de José Martí. Fundó en 1928 el Museo José Martí en la calzada del Cerro en La Habana; el Seminario Martiano de la U.H. en 1941, y la Fragua Martiana en 1952, del que fue su primer director y profesor hasta el año de su fallecimiento.

6. Quesada Aróstegui Gonzalo de (1868-1915). Destacado patriota. Discípulo, colaborador infatigable y amigo personal de José Martí. Ocupó la responsabilidad de secretario del PRC desde su fundación en 1892 hasta la disolución de esta organización en 1898.

7. El expediente laboral de Gonzalo de Quesada y Miranda se conserva en buen estado en el archivo de la Fragua Martiana.

8. El programa del curso estaba conformado por 10 conferencias que eran impartidas a partir de las 5pm, se orientaba un trabajo final a los estudiantes y era convocado un concurso martiano que premiaba a los más destacados.

9. El museo José Martí fue inaugurado el 10 de noviembre de 1928 en un edificio enclavado en Calzada del Cerro N° 534. Gonzalo fungió como director del Museo, que cerró el 17 de agosto de 1930. El cierre por la crítica situación económica internacional y las profundas consecuencias que acarreó para Cuba, puede aceptarse como la causa principal de su clausura temporal, no así la indiferencia total por reabrir sus puertas. El paso del tiempo posibilitó confirmar que el desinterés no obedecía ni a cuestiones económicas, ni a la voluntad de un hombre, sino a una estrategia política encaminada a evitar que el ejemplo de José Martí fuese enarbolado como una bandera de combate.

10. Se conservan en la Fragua Martiana los manuscritos de Quesada, en los que anotaba las principales incidencias de cada edición de los cursos, lo que posibilitó obtener útiles informaciones para este trabajo.

11. El museo Fragua Martiana de la Universidad de La Habana expone permanentemente la Almohadilla de Olor, regalo de la Niña de Guatemala a José Martí.

12. Acuerdo 5: Se aprueba el pago a Gonzalo de Quesada y Miranda de la suma de $200.00, por cada ciclo de conferencias sobre José Martí, dictadas en la Facultad de Filosofía y Letras. Sesión del Consejo Económico Universitario del día 26 de septiembre de 1944, Boletín Universitario, Año XI, N° 17, La Habana, 15 de octubre de 1944, página 467.

13. Decreto Presidencial N° 5923, La Habana, 13 de diciembre de 1951.

14. En el museo Fragua Martiana, sede de la secretaría del Seminario Martiano desde su fundación el 28 de enero de 1952, se conservan los expedientes de los matriculados en los cursos, sus calificaciones y los trabajos que se presentaban en los concursos martianos convocados anualmente.

15. Edificio donde radicó la sede de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de La Habana, una de las que más estudiantes aportó a los cursos que impartió el Dr. Gonzalo.

16. Los locales sociales de la AAASM eran espacios donde realizaban algunas actividades y reuniones de trabajo para organizar sus proyectos y estaban enclavados en los hogares de miembros de la Asociación; en muchas ocasiones se utilizó la vivienda del profesor Quesada, con ese propósito.

17. Las antiguas canteras de San Lázaro, en las que cumplió el joven José Julián Martí Pérez su condena de trabajos forzados, luego de no existir precisión de la ubicación exacta donde se encontraban, el periodista y escritor Federico Castañeda encontró en el Archivo Nacional los planos que precisaban el sitio exacto donde estaban enclavadas. El 10 de abril de 1944 fue inaugurado en esa área el Rincón Martiano de la Fragua Martiana.

18. En el año 1945, con el nombre de Boletín de la Asociación, se creó el órgano de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano. El 15 de enero de 1947 se convierte en revista, Patria, donde se publicaban las incidencias de los cursos, el quehacer de los grupos infantiles y juveniles e importantes artículos históricos.

19. Vida Universitaria, revista de la Comisión de Extensión Cultural, impresa en los talleres de la Universidad de La Habana. Era presidida por el rector Clemente Inclán y su director era el Dr. Roberto Agramonte.

20. Fundada en enero de 1950, a propuesta del rector Clemente Inclán, se seleccionaba un destacado profesor para que impartiera cada año un curso libre sobre temas martianos; eran ofrecidas 10 conferencias con una frecuencia semanal. Desde que se iniciaron los cursos de la Cátedra se inscribieron como curso oficial de la Comisión de Extensión Cultural.

Referencias bibliográficas

Actas de las juntas directivas de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano. (1944-1963). La Habana.

Boletín Oficial de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano (1963). La Habana.

Llaverías, Joaquín (1949). El museo José Martí. Boletín del Archivo Nacional. Tomo IXLVIII. La Habana: Talleres del Archivo Nacional.

Marinello, Juan (1963). Prólogo a José Martí. Obras Completas tomo V. La Habana: Empresa Consolidada de Artes Gráficas.

Martí, José. (1963). Obras Completas, tomo V. La Habana: Empresa Consolidada de Artes Gráficas.

Quesada, Gonzalo (1936). Obras Completas, tomo III. La Habana: Editorial Trópico.

Quesada, Gonzalo (1953). Memorias del Seminario Martiano de la Universidad de La Habana. La Habana: Imprenta Universitaria. Periódico Tiempo. (1946). La Habana.

Reglamento de la Asociación de Antiguos Martianos. (1944). La Habana: Imprenta del Negociado del Gobierno de La Habana.